LAS FANTASÍAS AMOROSAS DE DAN BROWN


Por: Mónica Heinrich V.
Nunca es bueno cobijarse en los brazos de la ignorancia, además tenés que estar preparado para que nadie te la charle. Es así que me dije a mí misma: “mí misma, aplícate”. Al principio la tarea no me entusiasmó, leer El Código Da Vinci no era uno de los objetivos finales de mi vida, quizás tenía más interés en el Ulises de Joyce, pero como lo primero es más fácil que lo segundo, terminé el libro en menos de dos días. Luego, vino el arrepentimiento…y más tarde, el bálsamo de la resignación.
Para los entendidos y los ignotos, Dan Brown no escribe muy bien. Es de comprender, después de todo se trata de un bestseller, aunque igual queda cierta amargura ante lo desprolijo de su escritura y sus pobres metáforas. No es que yo sea Cervantes, faltaba más, pero sí disfruto mucho de las cosas bien escritas…es un placer para los ojos y para el espíritu. Volviendo con Dan Brown…tejió una historia cuyo interés se basa únicamente en las imprecisas y, en su mayoría, ficcionales teorías que maneja. Donde los otros “detallitos” como: engranaje del argumento, sostenimiento de la trama, etc., se diluyen a medida que la lectura avanza. Ya para el final, cerrás el libro con la feliz sensación de que es un libro menos que leer y que podrás unirte con propiedad a los “acalorados debates” que se levantan en relación al tema.
Algo de incredulidad se apoderó de mí, porque hasta el momento estaba convencida de que el bendito libro era anti-cristiano, y una vez terminada su lectura, me quedó la sensación de que era más bien pro-cristiano. La fe es algo tan irracional que no importa qué papeles se descubran, ni qué sudarios se exhiban, ni qué argumentos se usen para desvirtuarla, ahí estará siempre…no por nada se ha derramado tanta sangre en nombre de ella. Entonces, la alharaca en torno a la obra de Brown me pareció sobredimensionada, amén de que la teoría de que Jesús haya tenido descendientes es infinitamente más interesante que la de un hombre virgen, muerto en un acto de estoicidad divina…por lo menos para mí.Bueno, luego llegó la película. El cine siempre es motivo de expectativa, uno nunca sabe qué se puede encontrar, aún cuando los críticos exalten o destruyan una obra, por ahí vos pensás diferente. Con ese optimismo me dirigí a verla. De entrada Tom Hanks no parecía una acertada decisión, Ron Howard (director) era un misterio…su filmografía era bastante insípida, y la chica francesa…hmm, resultaba difícil desprenderla de su imagen “amelística”. Entonces empezó.
Ya desde el primer plano me di cuenta que asistía a una de las peores películas que había visto este año, tomando como parámetro las películas clase A (director reputado, actores reputados, exorbitante presupuesto, locaciones espectaculares, y una historia que llevada al cine podría funcionar con una buena dirección). Fue triste, muy triste. Aburriiiiiiiiida, con menos creatividad que un discurso de Bush, pobre en argumento, reiterativa en imágenes y contenido, vacía como una respuesta del Miss Bolivia, en fin…no hay palabras para describir lo mucho que me pesaron los pesos que pagué para verla. Calculen no más el valor de la entrada, son hartos panes…
Para empezar, el tipo (Ron Howard) contó la historia casi calcada del libro, lo que no sería fuente de críticas si hubiese respetado el libro, pero respetando también los parámetros argumentales en los que el cine debe moverse. Con esto quiero decir que no es lo mismo describir y descubrir los misterios en un libro donde la imaginación del espectador hace de pantalla cinematográfica y le proporciona solaz. No. En el cine la imagen ya está nítida frente al espectador, por lo que se hacen necesarios (sobre todo en este tipo de films) elementos que impulsen al que está desparramado en la butaca a que pueda imaginarse, intuir, dudar, preguntarse, sorprenderse…de lo que sucede en la pantalla.
En este caso Howard no se guarda nada, ya de por sí el libro abunda en referencias históricas y teóricas sobre un montón de elementos que gracias a la cansina y aletargada dirección de este individuo pasa todo desapercibido, sin mucha gracia y despertando muy poc interés. A tal punto, que dan ganas de intercambiar correspondencia de tintes amenazadores con el manager de este infortunado y poco iluminado director de cine. Tal como lo esperaba, Tom Hanks aparece con sus cachetes blancones y flácidos, sus ojitos del alcancía y su boquita de punto con muy poco aplomo, ah…y encima, el “feeling” que tiene que existir entre él y la Amélie es nulo, naranjas…nanays cucas (dirían los colombianos).
Sobre los detalles del libro que no llegaron a la pantalla grande…(imagínenme de rodillas y con los brazos levantados hacia el cielo) gracias Dios por habernos ahorrado una hora, mínimo, de este suicidio neuronal en cadena. Pa´qué, hubiese sido el colmo.Luego de tan desastrosa experiencia, y no contenta con tanta saturación de Dan Brown, cayó en mis manos Ángeles y Demonios, el otro libro de este escritor que tiene como protagonista, de nuevo, al mamerto de Langdon. Y no mentiré, lo leí completito…es así que descubrí lo que el título de esta nota dice.
Primero les contaré que se trata de la “precuela” del Código, o sea, Langdon sufre esta aventura antes de toparse con nuestra querida Sophie. Otra cosa, tiene exactamente los mismos elementos. Langdon ocupado de su rutina recibe el llamado de un misterioso individuo que lo consulta por sus dotes profesionales. Ahí veremos a Langdon volar hacia Suiza (claustrofobia de por medio) para ver un cadáver (del que la policía no sabe) y emitir su opinión. Todo porque él es experto en el tema de los Illuminatis, como no podría ser de otra manera, el cadáver tiene marcado la palabra Illuminati en el pecho. Cuando llega al lugar en cuestión, al mismo tiempo acude la hija adoptiva del muertito, que resulta ser una científica de alta envergadura cuyo cerebro sólo se equipara en atractivo físico y que deja a nuestro intrépido Langdon embobado.

No recuerdo el nombre de la individua, pero se pasan toda la novela juntos e incluso acaban casados, lo que me hace preguntarme si es que Langdon no estaba cometiendo adulterio cuando se enamoró de la franchuta en El Código Da Vinci. También, molesta que el tipo se mantuviera tan asustadizo luego de la aventura que vivió al lado de su italiana (en Ángeles y Demonios la heroína femenina es italiana). Les contaré más, resulta que el “marcao” con el nombre de los Illuminatis, era un cura científico (dice el libro que abundan), que quería lograr la unión de la ciencia con la fe (tan tierno él). Para eso, creó, junto con la adoptada, la antimateria que explicaría el origen de la vida desde un punto de vista científico y religioso (dicen ellos).

El “marcao” es asesinado para robarle la bendita antimateria que resulta ser más peligrosa que la nitroglicerina, y colocan la cosa esa en un vericueto del Vaticano…ajá, quieren volar en pedazos la “casa” de Dios, previo asesinato del Papa. Además, SI, hay más, secuestran a los cuatro cardenales que son los favoritos para la sucesión e inician una cuenta regresiva en la que los irán matando uno a uno. Obviamente, que el “despierto” genio de Langdon y de la italiana serán los que salven al mundo cristiano del caos.

Para variar, el tema puede resultar interesante, sobre todo por lo de los Illuminatis…pero la historia está pegada con moco y para la mitad, se nos va descalabrando cada vez más. Dicen que ya se compraron los derechos de este libro para hacerla película, lo que me parece bien, le veo más posibilidades de entretenimiento si es que consiguen un director que pueda pulir un poco el argumento.

En fin, queda claro una cosa…Dan Brown seguirá utilizando el tema de la religión y tópicos aledaños para darse de comer a él y sus descendientes, pero en realidad parece que se trata más de una glorificación a sí mismo en el personaje de Robert Langdon (que no me cabe la menor duda que debe parecerse mucho a él) y a sus fantasías de cama. Sobre las teorías, hechos históricos y detalles sobre el arte que menciona en sus escritos, se le agradece…más de uno habrá terminado de leer alguno de estos dos libros y se habrá informado sobre la veracidad de los hechos. De todas formas, la gente se toma muy en serio algo que desde todo punto de vista es una ficción con pobres dotes literarias, pero apta para el consumo masivo.
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Hasta aquí la versión publicada en Aullidos de la calle, la edición impresa. Resulta que hay una actualización. Pues es bien sabido que más rápido cae un hablador que un cojo, y heme aquí que volví a pecar…La culpa la tuvo Fred Núñez, que pensó que el detalle más romántico del año era regalarme La Conspiración de Dan Brown. La verdad que yo debí tomar otra «actitud» ante el presente, pero en lugar de eso…me quedé calladita y al día siguiente ya lo había leído. Quiero decir que de los tres libros que he leído de este señor, este es por mucho el PEOR. El tema pasa por la ciencia, OTRA VEZ un hallazgo, que cambiaría la historia de la humanidad…OTRA VEZ muertitos de por medio, OTRA VEZ un antihéroe ñoño y abombado, OTRA VEZ la superioridad de la estupidez por encima de matones profesionales. En fin, es tan malo que no vale la pena reseñarlo. Debo reconocer que empieza de una forma atrapante, pero se complica solito y termina de la manera más ridícula. No lo compren, a menos que estén pasando frío y necesiten echarle papel a su chimenea…o se quedaron sin portavasos o apoya libros.

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