LOST IN CONTEMPLATION OF WORLD

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Oscar 2021

CINE: Sound of metal

Por: Mónica Heinrich V.

Ya Riz Ahmed nos había demostrado su valía en The Night Of, una recomendable serie de HBO que vimos el 2016. Sí, sí, su final fue un poco #pordiosquéhacésstevenzaillian, pero esa debacle narrativa no impidió que pudiéramos disfrutar de la gran actuación de Riz.

Y así, Riz volvió con Sound of Metal y su personificación de Ruben traspasó la pantalla lo suficiente para hacer notar una película que años atrás jamás hubiera sido nominada a los cosos dorados. ¿Por qué? Porque su factura está más cercana al cine autoral y su temática es muy poco comercial.

Darius Marder es el gringo que debuta en dirección capitaneando este barco. Gran amigo y colaborador de Derek Cianfrance, coescribió el guion de The Place Beyond the Pines. ¿Se acuerdan? ¿la película atormentada y tormentosa con Ryan Gosling y Bradley Cooper? A Derek lo conocimos por esa no menos atormentada y tormentosa película que es Blue Valentine, también con Ryan Gosling. Y bueno, entre Derek y Darius hay cierta similitud en tipo de narrativa dramática con personajes siempre fatigados por la existencia.

De hecho, Sound of metal tiene su origen en un documental inacabado de Derek llamado Metalhead, cuya temática era la misma: músicos que pierden la audición y tienen que readaptarse al mundo. El trabajo de Derek está en post-producción desde el 2009, así que a Darius empezó a picarle el bichito de hacer una ficción en toda regla y le pidió a Derek su bendición.

Voilá.

Ruben (Riz Ahmed), un baterista de una banda musical, empieza a perder la audición. El deterioro es veloz. Obviamente, nuestro protagonista estará shockeado por su situación y pasará por las fases normales de negación, rabia, negociación, etc.. Estamos hablando de una persona cuya pasión es la música, de eso vive, a eso se dedica en cuerpo y alma.

Darius nos lo cuenta sin despeinarse y tiene el pulso para mostrarnos exactamente lo que siente Ruben mientras se empieza a quedar sordo. Para eso se acompaña del gran trabajo en diseño de sonido de Jaime Baksht, Michelle Cuottolenc y Carlos Cortés, que tardaron 10 semanas en ocuparse de los climas, de crear los bruscos cortes de audio y los momentos de tensión.

Carajo, no escucho nada

Y sí, es muy desesperante comprender a cabalidad por lo que pasa el personaje. Las escenas de Ruben tocando su batería, sabiendo nosotros que tendríamos que escuchar un “ruido” de padre y señor mío, mientras solo percibimos el triste silencio: Jodido.

Qué ganas de abrazarte, Ruben.

Evidentemente, una pérdida de audición no solo resignifica tu vida como ser humano, sino tus relaciones. Ruben está en pareja con Lou (Olivia Cooke), por lo que se abre otro frente de dolor para el personaje. ¿El amor sobrevivirá a la nueva situación?

Darius escribe el guion junto a su hermano Abraham Marder e introduce, además, la figura de la comunidad de sordos a la que Ruben recurre tratando de readaptarse al mundo.

Hasta ahí, tenemos una película emotiva, bellamente filmada con un diseño de sonido más que inteligente y con actores protagónicos que hacen que uno como espectador compre toda la pomada.

Lo que fue un gol en contra es cómo se trata la necesidad de Ruben de aferrarse a cualquier esperanza para recuperar su audición o mejorarla. O sea, el tipo es músico, vive de tocar la batería, a mí no me parece para nada fuera de lugar que trate de recuperar la audición de cualquier manera.

Pero en Sound of metal, la necesidad del personaje se compara incluso con la adicción a las drogas, ya que Ruben resulta también ser un exadicto. De ahí, algunas escenas aleccionadoras comandadas por Joe (Paul Raci) son los puntos más bajos de la película, porque para moralejas y enseñanzas estoicas prefiero ir a misa o ver una película de Ken Loach.

Ruben, sos sordo y siempre serás sordo y  tenés que quedarte sordo, no importa si hay la posibilidad de no ser sordo. Si no conseguís resignarte a ser sordo, no podés quedarte con nosotros, los otros sordos.

En una situación llena de grises, el director se va por la tónica negro o blanco en  todas las premisas de su película, incluida la relación amorosa. Y claro, eso al final termina haciendo más débil el relato al anclarlo a una cosa sensiblera. Porque Sound of metal posa como una película con un acercamiento humano ante la pérdida de la audición, pero al mismo tiempo termina siendo este tipo de película “terapia”, con una mirada chata y conservadora a los implantes cocleares que han tenido buen impacto en la vida de otras personas.

No negaremos que su bella puesta en escena y su diseño de sonido la elevan unos escalones más, aunque, por ejemplo, La escafandra y la mariposa (reseñada ACA hace diez años ) llevó esa experimentación hacia lugares inimaginables. Tampoco negaremos que en estructura, es la estructura usual del guion que exhibe la pérdida de un sentido, estructura vista incluso en La familia Ingals, cuando nuestra Mary Ingals pierde la vista de repente, no se resigna, se emputa, y luego termina yéndose a vivir a una comunidad de ciegos en la que le enseñan a «manejarse» y después alcanza la paz de la resignación.

Así y todo, Sound of metal llega a asestarte los golpes emocionales que se supone tiene que asestar.  No cabe duda que Darius es muy hábil. Y Riz es muy hábil y ser hábil no es virtud de cualquiera. Y cuando termina, te quedás conmovido/a junto a Ruben sintiéndote absurdo y bendecido, escuchando el silencio, con ganas de hacerle caso a Joe y buscar esos famosos momentos de quietud.

Lo mejor: su diseño sonoro Lo peor: se pone lugar común, y pone a los implantes cocleares como una opción no válida  Lo más falsete: que Ruben consiga 40.000 dólares de la nada, aunque sea vendiendo su equipo es harta plata para conseguirla en poco tiempo El mensaje manifiesto: el ser humano se adapta y evoluciona en cualquier situación El mensaje latente: cada quien puede readaptarse como mejor le parezca La escena: el incómodo reencuentro con Lou El personaje entrañable: La desesperación de Ruben El personaje emputante: Joe, lo siento, tenía ganas de agarrarlo a manazos  El agradecimiento: por los avances de la ciencia.

CINE: El Juicio de los 7 de Chicago/ Judas y el mesías negro / Una noche en Miami

Por: Mónica Heinrich V.

La cuota de diversidad de los cosos dorados a veces raya lo absurdo. Por mi parte, sí me genera rechazo que alguna de las películas coladas para tratar de disfrazar o distraer el racismo y/o machismo de la industria no cumpla a cabalidad con eso de ser “merecedora” de relucientes muñecos dorados, luego me acuerdo de Turista Accidental, Erin Brockovich, Out of Africa, Shakespeare in love (entre muchas otras) y se me pasa.

Repasemos algunas cuotas de este año.

El juicio de los 7 de Chicago

Si estuviéramos hablando dentro de la comunidad BDSM, esta película vendría a ser sexo vainilla. Disfrutable, pero conservadora. Disfrutable, pero simple. Disfrutable, pero predecible.

Hay cierta mediocridad de afanosa neutralidad en el show que el director y guionista Aaron Sorkin propone del famoso juicio de los 7. Y eso que se notan sus ímpetus progres. Desgraciadamente, aunque consigue que su más que capacitado casting se luzca, aunque tiene unos cuantos diálogos memorables, aunque la historia te atrapa totalmente…eso es todo, amigos.

Para los despistados, hablemos de qué va: en los sesentas la gente andaba cabreada. Andaba cabreada con el statu quo, con la guerra de Vietnam, con todo aquello que parecía una afrenta a la sociedad y a los derechos humanos (ah, caramba…sentí el loop jodido y me mareé) entonces, ese cabreo era canalizado a través de distintos movimientos, agrupaciones que se juntaban a protestar o como lo veía el Estado: a armar boche.

¡Detengan a esa gente cabreada! ¡Aquí no hay boche!

He ahí el meollo. En 1968 un montón de gente cabreadísima se arrejuntó en Chicago para protestar contra la guerra de Vietnam frente a la convención del Partido Demócrata. Ese año había sido duro, fue el año que asesinaron a Luther King y a Robert Kennedy, la guerra de Vietnam vivía su apogeo. Activistas pacifistas y no tan pacifistas fueron masivamente al lugar, aún cuando la policía había prohibido cualquier manifestación y había desplegado una considerable cantidad de fuerzas del orden. Y claro, se armó el despelote.

El despelote pudo pasar sin pena ni gloria, el gobierno demócrata de ese entonces levantó los hombros como diciendo: son cosas del fútbol, pero cuando Nixon, meses después, subió al poder quiso sentar un precedente. Una de las tantas decisiones estúpidas que tomó el sujeto. Así, llevó a juicio a ocho de los cabecillas principales de las protestas. Ahí había de todo: uno que otro intelectual, cursis, jonkies, figuretis y boludos. Esos ocho terminaron siendo siete cuando el cofundador de las Panteras Negras, Bobby Seale, tuvo un juicio por separado.

En la película tenemos a: Tom Hayden (Eddy Redmayne) cofundador de la agrupación SDS/Students for a Democratic Society. Abbie Hoffman (Sacha Baron) cofundador del Partido Internacional de la Juventud (los yippies). David Dellinger (John Lynch) fundador de la gaceta Liberation, y miembro de las agrupaciones War Resisters League y del Comité para la Revolución No Violenta. Jerry Rubin (Jeremy Strong) cofundador del Partido Internacional de la Juventud. Rennie Davis (Alex Sharp) miembro de SDS Students for a Democratic Society. Lee Weiner (Noah Robbins), hacía trabajo social y enseñaba en la Universidad de Chicago. John Froines (Daniel Flaherty) doctorado en química en la Universidad de Yale. Y a Bobby Seale (Yahya Abdul) cofundador de los Pantera Negra.

Sorkin, a quien ya le conocemos sus mañas de guionista desde West Wing y sus mañas de dirección desde Red Social, se pone el traje del progre indignado por la injusticia social. Hay un aire muy solemne en el clima de la película, esa cosa auto-trascendente que tanto ruido hace cuando querés contar algo realmente trascendente. Para más desgracias, algunos personajes terminan siendo parodia de los verdaderos representados, y se toman licencias como la presencia de un personaje femenino (la agente del FBI) que está ahí para infiltrarse usando sus encantos de una manera muy tonta y recibidos, no menos tontamente, por el personaje al que supuestamente seduce. Gracias, Sorkin.

Además, es muy molesta la escena de Seale que en la vida real estuvo atado y fue humillado durante tres días a ojos, vista y paciencia del grupillo de activistas por los derechos humanos, abogados, medios y gente presente. En la película, resuelven eso en un abrir y cerrar de ojos, no sin antes dar un paneo a los agobiados rostros de la lucha impostada. También, ponen a Schultz (un ñoño Gordon Levitt) como un tipo conflictuado con el curso de los acontecimientos cuando era exactamente lo contrario, ese viejo lobo de mar, comparado con un pitbull por sus colegas de trabajo, estaba más que orgulloso de intentar meter a la cárcel a esos crispines.

Sí, sí, ya sé, Sorkin hace una ficción y se toma sus licencias, pero es un tema delicado, y poner a los negros como elemento decorativo (Hola, Fred Hampton y Panteras Negras) y adaptar la historia para que al final su relato bien intencionado y meloso quede más presentable para la gran audiencia…no lo sé, Rick.

No voy a negar que con solo ver el logo de Netflix ya nomás quise usarlo de chivo expiatorio de los errores de la película, de su liviandad, de la caída del wify, de las vacunas que no llegan, de la lluvia que lo inunda todo, pero en este caso particular, el señor Sorkin hizo una película a su medida.

Al final, lo mejor es que te quedan unas ganas locas de googlear a tutti quanti, y conocer a fondo la historia real y cómo terminaron los personajes, porque la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Googleen, niñ@s.

Lo mejor: una película con la prolijidad de Sorkin y lo que le dice Bobby a Tom que resume el espíritu de lo que en realidad es la película  Lo peor: poserita Lo más falsete: hmmm la parodia en la que terminan convirtiéndose los personajes, el uso de los negros como adorno El mensaje manifiesto: la justicia no es ciega El mensaje latente: qué triste que es la historia del ser humano  La escena: la de Bobby con Tom El personaje entrañable: Bobby Seal amarrado El personaje emputante: Nixon, siempre Nixon El agradecimiento: porque entretiene, y el montaje es dinámico.

Judas y el mesías negro

Esta es una película que cumple a cabalidad lo que su título promete. Tenemos a Fred Hampton (Daniel Kaluuya), el mesías negro que tanto temía el despreciable John Edgar Hoover (Martin Sheen) y como contraparte a Bill O´Neal (Lakeith Stanfield) el careta Judas. Lluvia de besitos traidores.

El reduccionismo planteado desde esa metáfora judeocristiana es lo que termina jugándole en contra a la película. Una metáfora que además establece sin matices dos polos opuestos, aunque no se posiciona a la hora de profundizar en ninguno de sus personajes. Según el título y la temática deberíamos conocer más del Judas, porque la historia del tipo que se cuelga del árbol después de traicionar a su maestro por 30 monedas tiene un trasfondo dramático al que dan ganas de champarse con un clavado olímpico. Pero el director Shaka King reparte nuestras atenciones entre la figura del mesías, al que también se bosqueja con cierta ligereza, y Bill, al que intenta no juzgar, pero que ya en el título juzga.

Nuevamente, la historia real supera a la ficción. Rebobinemos. Estamos a finales de los sesenta (Hola, juicio de los 7) y ya hemos establecido que la gente andaba cabreada. Fred Hampton, vicepresidente de las Panteras Negras, se convierte en el enemigo número 1 del FBI. A través de su agente Roy Mitchell (Jesse Plemons) los infiltra con el ya infame Bill. Bill, papito él, era un ladronzuelo de poca monta que al ser pillado robando disfrazado de agente del FBI se le ofrece: cárcel o infiltración, y el tipo, obvio, elige la infiltración. Sí, fue un hecho moralmente terrible, pero hay que dejar espacio para empatizar un poquito con Bill, porque aunque estamos viendo a dos personajes que tenían hondas diferencias, no cabe duda que los unía su incapacidad de escapar a la estructura de poder blanco.

Fred, por su parte, es retratado con un halo heroico. Kaluuya (Get Out) hace una gran gran representación, pero Kaluuya tiene 32 años y el verdadero Fred Hampton tenía 21. La diferencia entre un hombre hecho y derecho y un chico son notables. Y la gran tragedia de Fred Hampton es que era solo un chico. Su voz, aspecto, estaban más cercanos a la adolescencia, y era admirable que a su edad diera los discursos que daba y estuviera tan implicado socialmente con su comunidad. Se pueden discutir las formas que eligió para enfrentarse al racismo sistémico, pero siempre tiene que hacerse desde su contexto. 

más gente cabreada sin miedo a las fuerzas del orden

El guion escrito por el mismo Shaka King y por su colaborador Will Berson, abarca demasiado. Imagino que no debe ser fácil condensar hitos como la famosa Coalición Arcoíris, que es uno de mis momentos favoritos de las Panteras y que en Judas y el mesías negro termina como una anécdota más de las muchas que desfilan.

Llega el final y te quedás con la sensación de que sí, viste una buena y entretenida película. Grandes actuaciones que acompañan una narrativa con ritmo y el típico comentario social, didáctico, casi para poner en DVD o streaming en las escuelas del mundo. Pero hay un mosquito sonando mientras dormís y mientras estás despierto.

Quiero decir que el pitch ( la idea central que usan para ofertar un proyecto a posibles productores) de Judas y el mesías negro era que iba a ser una película en la que se unían Conformist (1970) y The Departed (2006). Bertolucci y Scorsese por todo lo alto. Y no fue ni lo uno, ni lo otro.

Lo mejor: muy entretenida y grandes personajes Lo peor: queda un poco en el limbo, porque no profundiza realmente en nada Lo más falsete: algunas frases muy discursivas El mensaje manifiesto: si le das más poder al poder más duro te van a venir a coger El mensaje latente: gimme the power La escena: el discurso revolucionario de Hampton El personaje entrañable: la gente cabreada tratando de sacudir el statu quo El personaje emputante: el inamovible statu quo El agradecimiento: porque también dan ganas de googlear a tutti quanti y saber más. Ah y para disfrutar/sufrir aún más de esta historia, échenle un ojo al documental Eyes on the prize II: America at the racial Crossroads.

One Night in Miami


Este es el debut en dirección para largometrajes de Regina King más conocida como actriz, aunque desde el 2013 andaba dirigiendo uno que otro episodio de series.

Es un debut que a ratos parece ser un producto más dirigido a la televisión que a la pantalla de cine. Eso sí, tiene una secuencia que ¡por Dios! es puro e inmaculado cine. Cuando Sam Cooke canta Chaing Gang a capella y se hace en el montaje un ayer/hoy, allá/acá: oh, brothers…oh, sisters, eso aún sigue corriendo por mis venas.

La película es una adaptación de la obra teatral homónima de Kemp Powers. La obra es adaptada por el mismo dramaturgo que no consigue hacernos olvidar que estamos viendo algo que originalmente fue escrito para el teatro.

Mi política de no averiguar ni leer nada de películas antes de verlas me hizo comentar ingenuamente mientras la veía: “esto parece una obra de teatro” y luego, todo tuvo sentido.

Pero vayamos a la historia y después hablaremos de lo que King hizo con ella.

Volvemos a los sesentas y la gente, sí, carajo, estaba muy cabreada. Los hechos relatados fueron previos a las otras películas mencionadas más arriba. El señor Malcolm X (Kingsley Ben-Adir ) seguía vivito y coleando, Muhammad Ali (Eli Goree) aún era Cassius Clay y acababa de ganar su primer campeonato mundial contra Sonny Liston. Esa noche de 1964, en Miami, el joven Cassius celebraría su triunfo en compañía de Malcolm X, el cantante Sam Cooke (Leslie Odom Jr.) y el jugador de fútbol americano Jim Brown (Aldis Hodge).

La película gira en torno al encuentro de estos cuatro personajes en un pequeño cuarto de hotel, mientras miembros de la Nación Islámica se ocupaban de la seguridad. El encuentro fue real, lo otro es ficción.

celebrities

En la ficción, esa noche en Miami se habló mucho. La charla, o las charlas para ser más precisos, fueron una dialéctica de raza, pertenencia y representación social. Faltaba una pizarra donde nos digan: este muñequito blanco privilegiado sos vos, este muñequito negro y abusado soy yo.

Aunque las charlas son interesantes porque te hacen pensar y el lado groupie disfruta de ver a estos personajes en ese supuesto intercambio, estamos ante cuatro negros privilegiados e influencers de su época que reflexionan de manera muy dirigida sobre precisamente eso. Por ejemplo, cuando Malcolm le echa en cara a Cooke que mientras él escribe canciones cursis Bob Dylan ha escrito Blowin´ in the wind. Herman@s, entrecierro mis ojos pensando en cómo podría haber pasado algo así.

La dinámica además es muy “te digo esto fuerte” “te respondo esto fuerte” “te cuestiono sobre qué es ser negro” “te respondo qué es ser negro”, y así. Una cosa súper dame y toma, toma y dame, revestido de la grandiosidad con que solo cuatro influencers (negros o no) se sentarían a hablar sobre temas que consideran importantes.

La dirección en este apartado es poco memorable. No es el hecho de que la cámara esté solo ahí, es que a excepción de la escena del canto a capella de Cooke, el resto de la película transcurre sin pena ni gloria anclándose netamente en sus figuras que además están muy autoconscientes de su representación de héroe de la comunidad afroamericana. Lo peor es que ninguno alcanza la estatura en carisma ni en energía de los personajes reales. Tal vez, Odom Jr. es el que mejor zafa con su Sam Cooke.

En general, Una noche en Miami, imbuye una perspectiva muy 2021 a una época más compleja que el #noalracismo. ¿Entretiene? por momentos, sí ¿conmueve? por momentos, sí ¿está descontextualizada? la mayor parte del tiempo, sí.

Lo mejor: la escena a capella y nunca está de más mirar a estos personajes aunque sea desde una óptica muy «celebrity» Lo peor: llena de frases hechas que pretenden dar clases de cómo ser negro a los afroamericanos y a los blanquitos semianalfabetos  Lo más falsete: las charlas son poco naturales, porque estos íconos se convierten en peones políticos. Los actores tampoco están a la altura. Sobre todo Muhhammad Ali. El mensaje manifiesto: todos tenemos una responsabilidad social El mensaje latente: tus privilegios no te eximen de esa responsabilidad, la acentúan La escena: el relato del canto a capella El personaje entrañable: la sutileza, esa gran ausente El personaje emputante: la impostura, esa gran presente El agradecimiento: porque al igual que las anteriores películas, llama a buscar e indagar más sobre ese periodo histórico. 

CINE INGLÉS: The Father (El Padre)

Por: Mónica Heinrich V.

ADVERTENCIA: Esta es una película que no se debe spoilear bajo ningún concepto. Al mismo tiempo, no se puede reseñar apropiadamente sin revelar uno de sus detalles más importantes. Así que si no la has visto, pasá de largo…tal como si alguien estuviera convulsionando falsamente en el piso.

Antes que nada, hablemos de Florian. El gran Florian Zeller. Estamos ante el supuesto mejor dramaturgo francés vivo de la actualidad. El dramaturgo cuyas obras de teatro han sido las más representadas fuera de Francia. The Guardian hasta se atrevió a calificarlo como “el autor teatral más apasionante de nuestra época. No sé vos, pero leo todo eso y me dan ganas de correr a ver cualquier cosa que sus deditos hayan creado. Pero, claro, hice el proceso al revés: primero vi su película The Father y luego me enteré de estos entretelones. Es mejor así.

Si has llegado hasta aquí y no has visto la película, volvé a leer la advertencia y reflexioná.

Prosígome.

The father fue también una obra de teatro. Se estrenó en el 2012 y ganó el prestigioso premio Moliere a Mejor Obra. Según The Times “una de las mejores obras de la década”.

Sí, acá hay mucha loa que le ha caído a Florian como lluvia tropical cruceña: tupidamente.

Pero antes de El Padre estuvo La Madre (2010)  que daría inicio a esta trilogía temática con una historia sobre una mujer que estaba en pleno quiebre emocional. Después, el dramaturgo escribió y dirigió El Hijo (2018) donde nos contaba la historia de un adolescente, hijo de padres divorciados, que entró también en quiebre emocional y deseaba vivir con su progenitor.

A Florian parecen gustarle los quiebres emocionales.

Bueno, pues que el hombre sintió la necesidad de pasar del teatro al cine y en su mente se empezó a dibujar la cara de Sir Anthony Hopkins para interpretar al Padre de El Padre.

Puedo entenderlo.

Sin miedo al éxito se lanzó a escribir la obra en inglés, bautizó al personaje como Anthony y le envió el guion al agente de Hopkins. Un día, el teléfono sonó y le dijeron que Sir Anthony quería tener una reunión con él.  Fue así como este año tenemos su debut cinematográfico sacudiendo corazones y nominado a los cosos dorados en varias categorías.

¿Qué tiene de especial The Father?

La historia de un señor mayor con síntomas de demencia senil podría ser ese trabajo lacrimógeno, harto visto, que tanto le gusta exprimir a la industria del cine. Ese tipo de película sensiblera, culpabilizadora de hijos que abandonan a padres enfermos en geriátricos,  una historia más sobre un viejo enfermo y solo. Pero Florian no tiene todo el currículum que tiene al pedo. Florian pone la cámara del lado de Anthony y te cuenta la historia desde su vivencia. Esto quiere decir que el espectador ve la realidad como Anthony la percibe.

Parece una obviedad, aunque si uno recuerda películas que han tratado temáticas similares, como por ejemplo The Savages (2007) o hasta la más reciente Supernova (2020), los guionistas y directores retratan al enfermo como enfermo desde el primer segundo. Se lo muestra siempre como este ente al que la familia, amigos o pareja ven deteriorarse, anteponiendo las consecuencias de la enfermedad a la enfermedad misma.

The father, en ese sentido, tiene una sensibilidad exquisita. Y ahí es donde se nota que Florian es un puestista. Un tipo que arriesga en la forma y que convierte una historia algo cliché en una experiencia diferente.

Nunca habrá suficientes palabras para alabar a Sir Anthony, porque cuando Sir Anthony hace papeles en los que tiene permiso para lucirse, en los que puede regalarnos a manos llenas su talento, pucha que es un deleite. Es increíble verlo a sus 83 años entregar una performance tan conmovedora. A su lado está Olivia Colman, interpretando a su hija Anne, otra actriz impecable que te lleva a ese tumulto interior que debe significar una situación así. Más desdibujada aparece Imogen Potts como la cuidadora que existe y no existe en la mente de Anthony.

Florian, sin duda, sabe lo que hace. Tanto a nivel de dramaturgia/guion como a nivel de dirección.

Sin embargo, una vez el ejercicio lúdico de ¿esto es realidad o síntoma? pierde frescura, la historia no tiene otra opción que seguir dando vueltas sobre sí misma hasta llegar a su más que predecible final. Porque es claro, muy claro desde el inicio que Anthony terminará recluido.

Imagino que en un espacio teatral está tensión se sostiene de una manera que solo el teatro puede generarte, por ejemplo cuando Anthony recibe el manazo del supuesto yerno, esa es una escena de una carga emocional enorme. Al vivo debe ser casi insoportable de ver, en pantalla cumple el objetivo de construir cierto clímax dentro del carrusel dramático en el que se mueve la película, pero como digo…más allá del “truco”, la repetición termina debilitando un poco la propuesta.

No puedo dejar de notar, también, que la creatividad inicial prometía un acercamiento más interesante a la demencia senil, y luego termina cayendo en el lugar común, sin matices, de la irremediable internación. Podés notarlo, pero la situación del senil Anthony no deja de joderte. Su mente fracturada, sus recuerdos mezclados con imágenes ficticias, hacen imposible no tenerle compasión. 

El paseo en un día soleado que la cuidadora le promete a  un Anthony que siempre despierta en estado de confusión, su frágil figura en pijama, su cabeza blanca, una vida que fue vivida y de la que ahora solo queda el llanto del anciano, la soledad, las hojas moviéndose lentamente con el viento nos dicen que la vejez  debería ser un lugar más feliz.

Lo mejor: su creativa propuesta cuando comienza y el gran casting que tiene, resaltando al siempre enorme Anthony Hopkins Lo peor: lo creativo termina diluyéndose Lo más falsete: hmmm El mensaje manifiesto: los padres nunca deberían quedarse solos El mensaje latente: la vejez merece ser vivida feliz y en compañía La escena: toda la secuencia inicial El personaje entrañable: Anthony El personaje emputante: la enfermedad que todo lo consume El agradecimiento: por tu arte, Anthony, por tu arte.

CINE DANÉS: Druk (Another Round/ Otra Ronda)

Por: Mónica Heinrich V.

Thomas Vinterberg tenía 29 años cuando estrenó Festen (La Celebración) en 1998. Hay escenas bastante específicas de ese universo que me siguen taladrando el corazón: Cristian y su esposa en el baño o el famoso brindis: “Gracias por todos estos buenos años”.

¡Por Dios, dejá de doler!

Festen fue la primera película del Dogma 95. Sí, muchos recuerdan el dogma como una paja creada por cineastas poseros. Pues esos cineastas “poseros” eran el mismo Vinterberg y Lars Von Trier. Y amig@s, podemos estar o no estar de acuerdo con el Dogma, pero los poseritos tuvieron sus buenos momentos.

Luego, Vinterberg terminaría renunciando al purismo del Dogma y seguiría su carrera fílmica de manera más convencional. De esa filmografía  recordamos Dear Wendy   (2005) que tiene seguidores y detractores, la amarga Submarino (2010) y  la polémica The Hunt (2012) reseñada con amor ACÁ.

A ojo pelado, hay puntos en común en sus trabajos. Suelen tener personajes atormentados, su trama se champa y se revuelca en el drama, y el autor ejerce una mirada crítica desde su obra. También bordea peligrosamente lo moralista y, a ratos, lo paternalista.

Por eso, no es de extrañar que esos mismos elementos aparezcan en su más reciente filme: Another Round.

Vinterberg nos cuenta una historia que es difícil de ver, y con la que es fácil empatizar. Difícil de ver porque asistí con mucho pesar a eso que algunos llaman celebración de la vida. Fácil de empatizar porque si podés plantearte la película desde ese momento de la vida donde los fracasos son mayores a los triunfos, y la ansiedad kierkegaardiana amenaza con devorarlo todo, podrás generar cierta condescendencia con nuestro buen amigo Martin (el gran Mads Mikkelsen).

Martin es un profesor de historia desmotivado, cuyo matrimonio está en estado catatónico y que, en general, parece atravesar una depresión clínica. En la celebración del cumpleaños de un colega, termina contándole a sus amigos sus tristezas. Entre charla y charla, trago y trago, se revela un dato importante. El colega (profesor de psicología) cuenta que el filósofo/psiquiatra noruego Finn Skarderud afirmaba que el ser humano venía al mundo con un 0,05% de déficit de alcohol en la sangre. Ajá, si la persona consumía ese 0,05% diario podía manejarse mejor emocional y socialmente. Lo lanza como un tip, como la anécdota para disfrutar otra copita. El festejo continúa, y cada uno parte a su casa, pero Martin, el buen Martin, se queda con el bichito del 0,05% y decide probarlo. Así que empieza a dar clases a sus adolescentes estudiantes un poco alcoholizado, a ir a su casa un poco alcoholizado, a hablar con su esposa un poco alcoholizado, a vivir un poco alcoholizado. Luego, sus amigos se unen al proyecto y lo toman como un “estudio”.

La libertad y la felicidad del trago corriendo por tu sangre como Bambi en las praderas

El guion escrito por el mismo Vinterberg en colaboración con Tobias Lindholm (The Hunt), acoge como una madre a sus personajes principales, y presenta con mucha condescendencia a estos cuatro hombres de mediana edad que buscan algo, un sentido, una validación, una sensación de felicidad, una pequeña liberación en un mundo que Martin dice «nunca es lo que uno espera».

El profesor de gimnasia Tommy (Thomas Bo Larsen, a quien hemos visto en The Hunt y en Festen), el profesor de psicología, Nikolai (Magnus Millan, a quien hemos visto en La Comuna) y el profesor de música, Peter (Lars Ranthe, a quien hemos visto también en La Comuna) convierten al acto de empinar el codo en su momento de solaz y en su muleta existencial favorita.

Como cualquier alcohólico.

Quizás me pareció un poco facilista que cuatro adultos formados, uno de ellos psicólogo, otro de ellos dedicado al entrenamiento físico, nunca se plantearon dentro del guion las contradicciones y consecuencias que podría tener el experimento y gran parte de la película insiste en poner la idea como una especie de «liberación». Intuimos o interpretamos que estos sujetos se acogieron a lo que hace sobrevivir a muchos: Mentirse a sí mismos.

También, el recurrir a ejemplos de alcohólicos famosos como Churchill o Hemingway para justificar el experimento se puede esperar de un, digamos, adolescente, pero ya para ciertas edades o formaciones, es bastante obvio (¿o no?) que la gente talentosa o genial que fue alcohólica o drogadicta desarrolló sus virtudes no gracias a sus enfermedades, sino a pesar de ellas. Nuevamente, volvamos a lo de la mentirita blanca para seguir metiéndole al trago. Porque siempre se puede fingir. Es una opción.

Chicos, podemos ser más felices como cuando Copito de nieve bajaba las montañas suizas con Heidi.

Vinterberg, en todo caso, nos quiere dar una lección aunque diga que no. El póster de Mads Milkensen en pleno éxtasis alcohólico y pasándolo chancho, el título original en danés que es Druk (borracho o pasado de copas), el paralelismo entre el juego ¿tradicional? danés de darle la vuelta al lago bebiendo como si no hubiese un mañana, las palabras de la esposa de Martin “En este país, todos beben como maníacos”, el pequeño collage de figuras políticas borrachas en público.

Pareciera que existe una admonición, un causa y consecuencia, un “va a ir bien hasta que deje de ir bien”. Y cuando sucede lo que sucede con el personaje de Tommy, cuando deja de ir bien, tuve miedo. Pensé que Vinterberg iba a llevar su fábula del “beber para poder vivir aunque luego todo se vaya a la mierda” hacia un lugar casi puritano.

Pero no, Vinterberg de la mano de Mads Mikkelsen te da un final hermoso. Tan hermoso como triste. Aunque haya quienes vean una celebración de la vida en la imposibilidad de estar sobrio. Gracias a ese bello final podés olvidar, o mejor dicho, perdonar sus forzadas metáforas. 

Y claro, te quedás con las palabras de Kierkegaard que resuenan desde el letrerito que ponen al inicio de la película. Eso sobre que la juventud es un sueño. Y después buscás la frase completa y descubrís que es parte de sus escritos estéticos agrupados en Diapsálmata. Y leés, en este abril pandémico, su comienzo: Ahora, tan solo añoro mi primera añoranza.

Maldición, Vinterberg. Qué ganas de tomar una copa de vino.

Lo mejor: conmueve Lo peor: las forzadas metáforas y que la gente que la vea quiera experimentar el famoso 0,05%, porque amig@s el desafío siempre es y será ver este mundo de mierda sobrio Lo más falsete: algunas frases como la que dice la mujer y la secuencia de los mensajes en el celular al final El mensaje manifiesto: Hay que explorar, tomar riesgos y despertar del letargo de estar vivos El mensaje latente: no importa qué hagás, ni que te metás, si no trabajás lo que te tiene aletargado el despertar será placebo La escena: el final El personaje entrañable: el perro que dejaron abandonado en el barco El personaje emputante: el trago como placebo El agradecimiento: por bailar.

CURIOSIDADES

La película está dedicada a Ida, la hija de 19 años de Vinterberg que murió en un accidente de auto cuatro días antes de que empiece el rodaje de esta película. Ida tenía que interpretar a una de las hijas del personaje de Mads Makkilsen.

Vinterberg dijo, recordando sus épocas dogmáticas, que esos muchachos del Dogma 95 hubiesen encontrado decadente Another Round.

La película se basa en una obra de teatro previamente escrita por Vintgerber. Fue su hija Ida quien lo motivó a transformar la obra en película.

Dinamarca tiene la tasa de adolescentes que beben más alta del mundo.

De acuerdo a Mads Mikkelsen, aunque durante la filmación en sí, no se consumió alcohol, sí hubo experimentos varios con el famoso 0,05%.

Mads Mikkelsen fue bailarín profesional, por lo cual la escena final está filmada enteramente por él. Se grabó durante dos días en los que Mads bailaba y bailaba por horas.

Mikkelsen está casado con una coreógrafa a la que conoció a sus 23 años.

Vinterbeger se inspiró en Zorba, el griego para la escena final.

La esposa de Vinteberg sugirió que la escena final tenga como banda sonora What a life.

 

CINE: Nomadland

Por: Mónica Heinrich V.

Una fábrica de yeso, que era el sostén y sentido de los habitantes de un pequeño pueblo en la Norteamérica profunda, cierra sus operaciones. Fern (Frances Mcdormand) lo pierde todo: esposo que muere por un cáncer fulminante, casa y amigos que abandonan el lugar que una vez consideró su hogar.

Estamos viendo Nomadland, y también la situación de muchos adultos de la tercera edad que se enfrentan a la certeza de no tener cómo sobrevivir dentro de un sistema creado para que los jóvenes reinen.

La directora Chloé Zhao se basa en el ensayo/libro homónimo escrito por Jessica Bruder. Jessica siguió durante tres años a un grupo de “workampers”, nómadas mayores que buscan trabajos ocasionales a lo largo de distintos estados americanos. La experiencia se convirtió en literatura y la literatura en cine.

El guion escrito por la misma Zhao, se apoya en la discreta fotografía de Joshua James Richards (The Rider, God´s Own Country) y en parte es gracias a esos climas de atardeceres anaranjados, de acantilados con olas golpeándose salvajemente, de desiertos áridos, del monólogo de Swankie, de la soledad, que el espectador conecta emocionalmente con la historia.

Zhao ya había demostrado en su anterior película, The Rider, una exquisita sensibilidad a la hora de reimaginar el western y poner en pantalla los tormentos de un cowboy. Con Nomadland, su personalidad como directora continúa, se vuelve a hacer amiga de los silencios y de los paisajes, deja que sus personajes cobren vida propia e incluso cuando los diálogos suenan a discurso de autoayuda, bordeando lo cursi, consigue salir airosa. Y no es fácil salir airosa de esa delgada línea que separa lo cursi de lo poético.

Porque sí, esta es una road movie que tiene mucha belleza interior. Muestra un submundo de gente que sobrevive en condiciones que nuestra comodidad ni siquiera puede imaginar. Lo peor es que deja claro que estas personas a las que miramos con empatía fueron también jóvenes que creyeron que su vejez sería otra cosa.

Claro que hay una postura política, claro que se retoma, una vez más, a esa América fallida que en el 2008 dejó un desastre financiero, emocional y social en sus tierras llenas de promesas.

Al ser un tema delicado, hay cosas puntuales que se podrían discutir. La visión de Zhao, al intentar mantenerse neutral con la vida en la carretera, puede parecer extremadamente complaciente. Estamos ante una situación que más allá de las pérdidas personales o de las crisis existenciales tiene sus bemoles. La carretera para un adulto mayor hombre, mujer, blanco o negro, no deja de ser un lugar peligroso e incierto. SPOILER El arco del personaje de Fern que se muestra tranquila con esa vida, eligiéndola por encima de la seguridad y estabilidad de un hogar convencional suena a romantización de la pobreza. O, quizás, nosotros romanticemos la seguridad y estabilidad de un hogar convencional, no lo sé. Pero a ratos me sonaba a esos discursos espirituales de desprendimiento material que esconden otros problemas. FIN DEL SPOILER

Sin embargo, me quedó claro con el libro que las intenciones de Jessica eran más extensas, que había una denuncia a la sociedad de las masas y a un Estados Unidos que no importa el presidente que tenga no ha podido solucionar la enorme brecha que existe entre los que tienen y los que no tienen. Y puede ser, no lo dudo, que hayan personas que igual que Fern lo elijan como una forma/estilo de vida, pero la mayoría son víctimas de una economía que los excluye. Leí incluso que describían a la película como una “hermosa reflexión sobre dejar la sociedad atrás”, y no, esta gente no dejó la sociedad atrás, la sociedad los dejó atrás a ellos.

De hecho, uno de los grandes problemas que le veo incluso como discurso es la manera que muestra a Amazon: como un galpón hermoso, ordenado, el personaje de Fern hasta llega a decir que pagan muy bien, cuando en realidad Amazon se aprovecha de la necesidad de estas personas pagándoles un sueldo inferior al no ser empleados permanentes y, por lo mismo, no les da las prestaciones correspondientes. Algo similar sucede con las otras marcas que aparecen en la película. O sea, no les están haciendo un favor al contratarlos, están abaratando costos. 

Eso no quiere decir que la historia de Fern, asumiendo que representa a los que sí eligen esa forma de vida, no convenza. Sí lo hace, en parte gracias a esa magnífica actriz que es Frances McDormand, que se comprometió tanto con la película que durante sus cuatro meses de filmación llenó la van con objetos personales y la convirtió en su hogar, y también por la presencia de nómadas reales que dicen sus textos en un formato casi documental. Una de las grandes virtudes de esta película es esa sensación de “verdad” con relación a los personajes. Linda, Swankie, Bob, el chico al que Fern le regala el encendedor, traspasan la pantalla junto con sus caravanas.

Y claro, uno se conmueve, se conmueve por esas vidas que han llegado hasta ahí, por sus recuerdos, por lo que se perdió, por lo que se ganó, y cuando Swankie habla de las golondrinas reflejándose en el agua, podés verlo…no importa que lo que tengás en pantalla sea un primer plano del rostro arrugado de Swankie. Lo ves. Y podés entender la inestabilidad y la incertidumbre del camino solitario o la estabilidad y la certidumbre del camino solitario. Porque ese signo de interrogación que es el futuro, hoy más que nunca, es el mismo para todos.

Lo mejor: gran gran Frances, acompañada de una fotografía intimista Lo peor: discurso a ratos confuso y a ratos cursi, además el final se retrasa, hay un par de momentos que pensás «ahí está, este es el final» y la cosa sigue Lo más falsete: lo de desertar al sistema, cuando el sistema es el que te ha dado una patada en el culo El mensaje manifiesto: hay maneras de sobrevivir, siempre El mensaje latente: hogar es una palabra que tiene un solo significado aunque sea distinto para todos La escena: el monólogo de Swankie El personaje entrañable: Swankie El personaje emputante: amazon y todas las marcas que aparecen como dadivosas con estos forzados nómadas El agradecimiento: por la emoción.

LINK PARA LEER EL LIBRO ONLINE: PAIS NOMADA Jessica Bruder

CURIOSIDADES

La película se filmó en siete estados durante cuatro meses.

Ganadora del León de oro en el festival de Venecia.

El papel de MacDormand fue tan convincente que le ofrecieron trabajo en un local de Target, una cadena de supermercados norteamericana.

Nomadland ganó el Toronto People’s Choice Award, determinado enteramente por los votos de los asistentes al festival, el mayor de Norteamérica y considerado un buen termómetro de los Óscars.

Nomadland ganó cuatro galardones en los premios de la Sociedad Nacional de Críticos de Cine de este año, incluyendo mejor película, mejor fotografía, mejor director y mejor actriz.

 

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