CINE: Jojo Rabbit

Por: Mónica Heinrich V.

Taika Waititi, el director de Jojo Rabbit, dio una entrevista en la que mencionó un dato estadístico que leyó en una encuesta del periódico inglés The Guardian. No suena descabellado. Lo voy a lanzar cual bomba de olor: «Me impacta que el 66% de los millennials nunca ha oído hablar de Auschwitz».

Sip. Al parecer las nuevas generaciones conocen poco o nada de uno de los acontecimientos más turbios de la historia y del que además caen enseñanzas de vida como achachairuses en temporada. Por eso estamos como estamos. Memoria histórica, gente, memoria histórica.

Waititi es escritor, fotógrafo, pintor, escultor, actor, director de cine, comediante y diseñador. Una cajita de sorpresas. No es de extrañar que cuando tocó llevar a la pantalla gigante un libro, se tomara todas las libertades para hacerlo.

El libro fue El Cielo Enjaulado de Christine Leunens y lo leyó por recomendación de su madre. Luego, no sé qué pasó, habrá pensado que era muy oscuro y él quería presentar algo más esperanzador del mundo y del ser humano y de los conejitos, y así fue como terminamos con Jojo Rabbit y no con lo que en realidad escribió Christine Leunens.  

Pero hablemos de Jojo Rabbit, porque es hermoso hablar de Jojo Rabbit. Repitiendo: Waititi dijo “es mi visión” y eso es, ni más ni menos. ¿Y cuál es esa visión? Primero, interpretar el mundo desde los ojos de un niño de diez años. Eso supone hacerlo desde su concepción infantil, ignorante de la realidad y sin capacidad aún para evaluar lo terrible de la guerra. Bien jugau. Segundo, Waititi no quería que la gente se encontrara con “más de lo mismo”, con un relato convencional de la segunda guerra mundial, así es que decide usar un tono satírico y mordaz. Bien jugau, también. El humor siempre es una apuesta arriesgada para temas delicados.

El New Yorker la llamó la comedia menos divertida del año, y la polémica se instaló por la supuesta banalización de la guerra, de los nazis y del holocausto.

De esos debates enroscados ya habíamos participado  con La Vida Es Bella, dirigida por Roberto Benigni. Por mi parte, pienso que el humor no es falta de respeto o banalización si se usa con criterio. El asunto es el criterio, que termina siendo subjetivo. En el caso de La vida es bella,  la  familia de Guido fue destruida por la  guerra y al final, la película terminaba siendo más devastadora porque sabías que el horror no había perdonado. Algo similar pasaba en El tren de la vida, película rumana filmada en tono comedia sobre un grupo de judíos que fingen ser nazis para escapar antes de que los lleven a los campos, el horror no perdonaba, porque en la vida real no perdonó. En el caso de Jojo Rabbit, los personajes que rodean a Jojo están en su mismo canal de humor, y su caracterización es siempre paródica independientemente del niño. Explicaré eso después de dar una pequeña sinopsis de la trama:

Jojo (Roman Griffin Davis) es un niño de diez años que en plena segunda guerra mundial es fan/groupie de los nazis y es parte de las juventudes hitlerianas. Ay, la bendición salió racista y facha. Vive con su madre, Rosie (Scarlett Johansson) ya que su papá salió del país y no se sabe cuándo volverá. Rosie es parte de la resistencia, así que esconde a una niña judía, Elsa (Thomasin Mckenzie) en una de sus paredes. Cuando Jojo descubre a Elsa entra en conflicto, porque obvio, él detesta a los judíos y se siente impelido a denunciar a la molesta refugiada, pero las repercusiones que podría traer a su madre y a él mismo lo frenan. Eso hace que se empiece a formar una extraña relación entre dos opuestos, entre dos “enemigos” naturales. Esas cosas dicotómicas que tanto gustan al público en general.

Además, y por si fuera poco, Adolf Hitler aparece interpretado por el mismo Waititi como el amigo imaginario del fanático Jojo. He leído y escuchado comentarios contra lo caricaturesco del Hitler que interpreta Waititi, pero señores ese Hitler es el Hitler que vive en la cabeza de Jojo, el niño de diez años. Él no conoce a Hitler, no sabe cómo es realmente, entonces se lo imagina así, igual que imagina que los judíos leen la mente o que duermen como murciélagos cabeza abajo.

La película arranca con una secuencia preciosa en la que se mezclan Los Beatles y los nazis, y ahí, desde la butaca pensás «me gustás Waititi. Me gustás». La primera mitad de la película se desarrolla con mucha más solidez que la segunda. Los gags funcionan mejor, el montaje y el ritmo de la película están construidos para atraparte y para seguir con interés lo que sea que vaya a pasar con el pequeño fascista. Hay personajes secundarios como el Capitán Klenzendorf (Sam Rockwell) Fräulein Rahm (Rebel Wilson) y el divino Yorki (Archie Yates) que le dan más color a la trama y sobre todo, Yorki, el divino Yorki, se gana el corazón de todos nosotros con cada aparición.

Una bendición encantadora

SPOILER 

La segunda mitad empieza a tener problemas, porque es cuando las cosas se ponen más serias y cuando las cosas se ponen más serias, de pronto el diálogo que tuvo sus buenos momentos, empieza a ser condescendiente para forzar un final amable, para que después de los insinuados horrores de la guerra, uno se pueda ir a su casa sintiéndose bien. Ah, sí…la gente no es tan mala, y las cosas buenas pasan y uno, al final del día, del horror, puede bailar. Sí, sí, lloramos en la oscuridad, pero son esas lágrimas agridulces, esperanzadas, agradecidas por escuchar a David Bowie diciéndonos que podemos ser héroes.

Waititi hace una película casi de manual en cuanto a los giros, los comic relief, y puntos de suspenso. Pero a pesar de su aspecto formal que es arriesgado, a pesar de su personalidad visual, de su desenfado, es más convencional de lo que parece y de lo que ella misma pregona. Sucumbe a la necesidad del happy end y de forzar sus naipes en pos del triunfo del bien sobre el mal.

En el libro de Leunens, el tono nunca es cómico, el niño se pone más tétrico y jodido mientras van pasando el tiempo, porque Johaness (nunca Jojo) tiene problemas psicológicos, y su apoyo a Hitler es tan solo un síntoma dentro de un comportamiento que sus padres y abuela no aceptan ni promueven. El “accidente” que lo desfigura le deja también la mitad del cuerpo paralizado y parte de su pierna amputada. Hitler no aparece como amigo imaginario y él, realmente mantiene cautiva a Elsa durante años para no “perderla”. Una relación más que de amor, de abuso. Waititi va por un camino menos traumático en cuanto a la trama. Quizás porque una película con una historia idéntica al libro no podría ser jamás puesta para audiencias menores de edad, y tampoco tendría la entusiasta recepción de los millenials que él mismo dice son semianalfabetos históricos.

Ahí las diferencias entre libro y película. Pero la película, la visión de Waititi tiene elementos que amén de servir a un conjunto convencional logran su cometido inicial que es interpretar el mundo desde los ojos de un niño de 10 años en ese envoltorio juguetón que esconde un hecho terrible y que el público en general disfrute sumergirse en una historia algo naif. Y digo naif, porque la personificación tan paródica del resto de los personajes que rodean a Jojo y que existen por fuera de su visión de niño,  convierte a los alemanes nazis en idiotas sin ningún contenido ideológico o de personalidad, quitándoles parte del peligro que realmente representaban.

Hay pasajes algo “apurados” donde sentí que la historia no fluía sino la hacían fluir. De todas formas, la película funciona como una comedia, a ratos como incómoda comedia y la incomodidad siempre estará bien. Para los que no forman parte de ese 66% que nunca ha escuchado hablar de Auschwitz, las alusiones a los campos o la vista de los nazis ya generará un sentimiento de rechazo/tristeza que tiene que ver con la memoria y que un par de chistes fáciles no podrán banalizar.

El poeta Rilke, también mencionado a lo largo de la película, cierra la apuesta de Waititi poniéndole el sello a lo que desea que sintamos, dando un mensajito a la conciencia, una reflexión o enseñanza de vida positiva. “Deja que todo suceda, la belleza y el terror. Sigue adelante”. Y vos sentís que ese desparpajo pop y encantadoramente meloso que has visto durante hora y media es belleza ¡claro que sí!  Belleza en la hermosa fotografía de Mihai Malaimare Jr. a quien literalmente AMÉ por su trabajo en The Master. Belleza en Jojo, en York, en Rosie, en Elsa. Belleza en su concepción de película desenfadada, en su aire «diferente». Belleza en un mundo horrible en el que aún se puede bailar. ¿Y qué hacemos con el terror, con lo siniestro? Mejor no dejemos que suceda.

Lo mejor: encantadora, una dirección interesante, una propuesta de montaje y de concepto de película con sello propio Lo peor: la película al final es condescendiente con ella misma y con el espectador  La escena: todas en las que aparece Yorki, lo del conejo, LOS ZAPATOS y los quichicientos Hiel Hilter en la casa de Jojo Lo más falsete: quizás la reacción a lo que sucede a Rosie, o sea a como queda «la situación», y también me pareció muy facilista el «FUCK OFF HITLER» El mensaje manifiesto: Hay que bailar el mensaje latente: A veces suceden cosas tan malas que bailar no es una opción El personaje entrañable: Yorki El personaje emputante: el HDP que mató al conejito El agradecimiento: por una experiencia más que disfrutable.

CURIOSIDADES

Más del 90% de la película se grabó en República Checa durante el 2018.

El niño que interpreta a Jojo, Roman Griffin Davis, es hijo del director de fotografía Ben Davies (Capitana Marvel, Guardianes de la Galaxia).

La diseñadora de vestuario es la mexicana Mayes Rubeo.

Cuando la Gestapo visita la casa de Jojo, se dice Heil Hitler 31 veces.

La película, según Waititi, es una carta de amor a su madre y a todas las madres solteras.

A Mel Brooks le encantó la película.

La aparición de Hitler con atuendo indio, es un guiño a su admiración por el escritor Karl May, cuyos libros eran sobre los nativos americanos.

Aunque la película es en inglés todos los letreros, o palabras que aparecen escritas en libros, afiches, etc…están en alemán. 

La última aparición de Hitler en la película es con un balazo en la sien en referencia a su suicidio.

 

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7 Comentarios

  1. Buena reseña. La tenía estigmatizada a scarlett por sus películas underskin, avengers, lucy, ghost un Shell, pero aquí hace un buen papel así como lost in translation. Se deja ver la película entretenida.

    • fher, sí, Scarlett es buen actriz, en Marriage Story también está fantástica, qué bueno que dejó un poco de lado las pelis de superhéroes o de fantasía para que podamos descubrirla más.

  2. Hermosa película, ame a todos los personajes pero en especial a Rosie y a Yorkie. Cómo siempre tus reseñas bien acertadas y divertidas.

  3. Una pelicula asi siempre es buena para darle un toque de humor y matizar el horror de la realidad. Otra cosa es naturalmente cuando -en este caso en Alemania- las cosas han sucedido a la puerta de tu casa. Muy dificilmente se podrá reir ya sea por respeto o porque evoca recuerdos tan horribles.

    Asi y todo una peli asi igual que «La vida es bella» es necesaria. No se si es de Rilke la frase de que es bueno conocer y aceptar el pasado para poder mirar al futuro. Excelente analisis Monica! Glückwunsch!

    • Pablo, ufff no imagino cómo se vivenciará en Alemania…ya me dio curiosidad, me gustaría estar en una función. A mí me tocó ver una película súper chota de La Roca en New Orleans, la del terremoto de San Andreas, y como en New Orleans tienen aun fresco el recuerdo del Katrina…me conmovió/Sorprendió ver que cuando terminó la gente aplaudió…absolutamente empática.
      Y es verdad lo que decís, hay que conocer el pasado para no repetirlo…además.
      Abrazos!

  4. Tremendo Monica! la pelicula naturalmente muy debatida en la prensa alemana. Algunos decian que era tierna y otros que rozaba el límite del buen gusto. No faltan los soeces que en la oscuridad del cine gritan parolas fachas. Pero bueno de corazon creo y deseo que una pelicula asi sirva a a Alemania a amistarse con su pasado. Imagino que el camino del slapstick es un buena propuesta. Pero ese camino es laaaaargo!

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