We are sudamerican rockers

Por: Mónica Heinrich V.

Digamos que soy simpatizante de algún gobierno. Digamos que quiero mostrarle al mundo que ese gobierno es bueno, necesario, y que está haciendo las cosas bien. Digamos que los ciudadanos de mi país viven en una nube de pedos con respecto a la política exterior que manejamos. Digamos que por mis contactos y mis obvias simpatías, tengo acceso a entrevistas cruciales en un momento histórico crucial. Digamos todo eso y un poquito más. 

 

Podríamos enmarcar a Oliver Stone en esos «Digamos» y a su documental Al Sur de la frontera como un resultado de todos esos «Digamos».  El problema es que nuestro querido Stone no hizo nada lo suficientemente profundo ni meramente interesante con lo que menciono. 

 

No hay que negar que Estados Unidos maneja una política exterior dedicada únicamente a sacar la mejor tajada de la torta, muy en onda maquiavélica de «el fin justifica los medios». Bajo esa consigna, USA ha apalancado dictadores, golpes de estado, invasiones, bloqueos, y un sinfín de crímenes de los cuales seguramente no conocemos ni la mitad. 

 

Lo peor, es que los medios controlan al americano promedio de tal forma que si se habla con 10 gringos, 8 no tienen idea de las medidas gubernamentales de su país y de cómo afectan sus políticas a los naciones más pequeñas. 

 

Eso es una realidad. No hay que negarlo. Y en parte entiendo la figura de Oliver Stone. Stone es veterano de la guerra de Vietnam, guerra en la que fue herido dos veces. Su participación en este macabro conflicto, lo llevaría a cuestionar el sistema, su forma de vida, y a su país a través de filmes como Platoon, Natural Born Killer, Nacido el 4 de Julio, JFK, entre otros. 

 

Todo bien. Stone quedó traumado. Sí, a mí también se me chiparían los cables. Entendible. Por lo menos se dedicó al cine y no a otras cosas. Por lo menos siguió viviendo y no como ahora, que la tasa de suicidios entre los americanos enviados a la guerra, es más alta que las bajas en batalla. Pero más allá del trauma y su empeñosa intención de «abrirle los ojos» al americano promedio, existe una carencia argumental que transforma sus más recientes trabajos en una suerte de panfleto vacío y cacofónico. 

 

En el 2003 empezaría con una cadena de trabajos de corte documental. ¿Qué mejor que un retrato íntimo de Fidel Castro? Comandante, es entretenido, sí. La figura de Fidel Castro, amén de si se simpatiza con él o no, es enigmática. Allí vimos a un Oliver Stone absolutamente rendido ante el carisma del líder cubano. La fascinación que Fidel provocaba en el director americano, era tan notoria que casi se le caía la baba. Sin embargo, teniendo las puertas abiertas de Cuba y, por decirlo de alguna manera, la apertura de Castro para responder, Comandante es un desperdicio y termina siendo la entrevista de un fan. 

 

Ese mismo año lanzaría Persona Non Grata, documental cuyo objetivo era indagar sobre uno de los conflictos más jodidos de la historia: Palestina-Israel. Vemos a Stone hablar con los extremistas que se inmolan en nombre de su religión y de su país, vemos a Stone hacer lo imposible por conseguir una entrevista con Arafat. Políticos, ciudadanos, militares, son entrevistados entre gallos y medianoche. No voy a decir que está malo, porque no lo está. De hecho, de sus documentales me parece el mejorcito. El problema es que te queda sabor a poco.

 

El 2004 regresó a Cuba para demostrarle al mundo que no era sólo un fan enamorado. En Looking for Fidel, cuestionó o intentó cuestionar al líder cubano sobre los fusilamientos sucedidos en la isla, sobre los presos políticos, y todo aquello que se le «olvidó» preguntar la primera vez. He de reconocer que el gringo se esmeró en «confrontarlo» aunque dicha confrontación siempre estuvo revestida de un airecito a «sé que tenés razón». 

 

No conforme con esos coqueteos, Stone decide hacer un documental que supuestamente analice o inmortalice el proceso del surgimiento de la izquierda en latinoamérica. Para ello, viaja a través de varios países y entrevista a gente como Lula, los Kirchners, Evo, Hugo Chávez, Correa, Lugo y Raúl Castro.

 

La idea está buena, efectivamente se vive un fenómeno de gobiernos de izquierda que vale la pena analizar a fondo. No es un fenómeno gratuito, ni el tipo de presidentes que han surgido en el cono sur son designios místicos. Las figuras elegidas resultan igual de interesantes que la temática, todos los presidentes mencionados podrían tener su propia biopic o documental. 

 

Al sur de la frontera, reivindica la idea de Stone de que fuera de las fronteras de USA, no se sabe mucho del resto del mundo o la información que se maneja es tergiversada por los medios americanos. De esta manera, el documental abre con una periodista americana indicando con voz de espanto que Hugo Chávez es adicto al «cacao», la bruta no se da cuenta que está hablando de COCA hasta que sus colegas la corrigen, y aún con la corrección, los ignorantes hablan de la COCA como si fuera el más fino polvo de cocaína.

 

Algunas otras muestras sobre la televisión americana, donde los periodistas dirigen a la opinión pública a pensar que en los países gobernados por la izquierda se vive en la más absoluta barbarie, y en la más cruel dictadura. 

 

Cada quien tiene derecho a tener sus opiniones, pero no seamos ingenuos. Stone no se equivoca en eso. Sin ir muy lejos, con todos los despelotes que están sucediendo en Egipto, CNN muy suelto de cuerpo reflexionaba sobre el gran peligro que supone perder al tal Mubarak, no olvidemos que el dictador que está en el poder desde hace 30 años es considerado «aliado» del gobierno americano. La reflexión sesuda de CNN continuaba diciendo que el GRAN PROBLEMA o el GRAN PELIGRO era que la persona que suceda a Mubarak tenga apertura o se pliegue a las «dictaduras de izquierda que están tan de moda en latinoamérica».  Nuevamente, cada quien puede tener sus opiniones, pero en esta «alarma» no existe otra cosa que intereses políticos y con intereses políticos me refiero a intereses económicos, claro. 

 

Siguiendo con Stone, su reflexión sobre la manipulación de los medios puede ser acertada, pero eso no alcanza para que su documental resulte más informativo de lo que critica. La primera entrevista se la hace a Hugo Chávez, y sucede un fenómeno similar que el que ya hemos visto con Fidel Castro. Nos quiere mostrar el lado humano, el lado bonito de Chávez. Nos lo intenta vender como alguien con los huevos suficientes para decirle a Bush: «You are a donkey, Mr Bush». Un tipo que recuerda su infancia, y vuelve a montar bicicleta. Bien. Pero, aparte del lado humano, no me dice mucho sobre lo buen o mal presidente que ha sido. Chávez, para variar, se escuda más en la consigna, que en datos o respuestas sobre temas puntuales.

 

Más bochornosas resultan las entrevistas a Evo Morales y a Cristina Kirchner. No sé qué le pasaba a Evo ese día, pero parecía muy cansado. Stone le pregunta dos o tres huevadas que me es imposible recordar, y le pide que le enseñe a mascar hoja de coca. Ajá, hagamos la cosa pintoresca, masquemos coca. Luego, juegan un poco de fútbol y eso es todo. Unas dos o tres preguntas más, que son respondidas también desde la consigna «antiimperialista» que ya hemos escuchado muchas veces, y listo.

 

Pasamos a la Kirchner, que hablaba hablaba hablaba hablaba, según ella, recién ahora la cara de los presidentes son las caras de los pueblos. Nombra como ejemplo a Bolivia, que dice que la cara de Evo es la cara de Bolivia y que la cara de Goni no era la cara de Bolivia. No sé, Bolivia tiene tantas caras jejeje. Pobre traductor, con tanto que habló Cristina ya no sabía ni qué traducir. Encima, a la dama, el humor se le agrió un poquito cuando Stone, en una muestra más de que lo suyo no son las entrevistas, le pregunta: «Cuántos pares de zapatos tienes?». Pregunta pelotuda donde las haya.

 

También hay espacio para el fallecido Néstor Kirchner, que bueno, ese sí habló cosas interesantes sobre su postura ante la política americana, y sobre las medidas de su gobierno. 

 

Luego vino la estrella del documental, Lula, que se comió en despliegue, magnetismo y lenguaje corporal al resto. Explicó de manera precisa los logros de su gestión, sus expectativas para Brasil, su política de no confrontación, dio datos precisos y todo sin dejar de mantener un férreo contacto visual con Stone. En su entrevista estaba presente Hugo Chávez. Bromeó un poco sobre él,  y en resumidas, fue de lo mejorcito en cuanto a su uso de la oportunidad.

 

Correa, aburrido y Lugo bien onda pastor. Raúl Castro interesante, aunque tiene la simpatía de una maceta. Y luego otra vez loas a Hugo Chávez.

 

Alguien me decía que por lo menos Oliver Stone tiene los huevos para tomar postura y actuar de acuerdo a eso. No digo que no. Creo que un documental es siempre el reflejo de una tesis o de una visión sobre algo. Más aún si este es político, necesariamente tiene que existir una posición. Pero al jugar con la realidad, si tu objetivo es que tu documental gane adeptos o convencer a los demás de tu visión, pues conviene trabajar un poquito más la estructura, las preguntas, la idea. 

 

Pudo ser un documental espectacular, el tema es MUY MUY interesante, contaba con todos los elementos para sorprender y, como dije y recalco, la oportunidad de entrevistar para un proyecto así a los personajes que Stone entrevistó no se da todos los días. 

 

Un extracto de una entrevista que le hicieron a Michael Moore, resulta lo más contudente y directo de todo el documental. Moore tiene una postura, pero la argumenta de una manera apasionada y generalmente, trata de documentarse en sus afirmaciones. Lo de Stone parece un viaje gringo-romántico, como esa gente que se pone la polera del Che y no sabe a ciencia cierta nada de Ernesto Guevara. 

 

Una pena que Al Sur de la frontera se quede en pañales. Stone le ha dado grandes trabajos al cine, pero desde hace años que no consigue recuperar esa fuerza y contundencia que lo hizo tan conocido. Esperemos que el futuro nos devuelva al Stone que todavía nos hace acudir a las salas de cine.

 

 

Lo mejor: la idea y la oportunidad de entrevistar a los personajes que entrevista

Lo peor: pobre. Entrevistas desperdiciadas

La escena: la pregunta de los zapatos, si María Galindo lo viera…

Lo más falsete: toda la onda de: qué buenos, puros y decentes somos porque la izquierda nos bendice.

El mensaje manifiesto: Stone ya está viejo

El mensaje latente: se puede tener la disposición de grandes personajes para entrevistar y la cagás igual.

El consejo: VELO, nunca está de más verlo.

La pregunta: ¿alguien hará un documental en serio de un proceso histórico como este?

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