LOST IN CONTEMPLATION OF WORLD

MÚSICA: Prince

Bienvenido al Olimpo

 Por: José Andrés Sánchez

Prince está muerto. Prince está muerto.

Que viva para siempre el Poder de la Nueva Generación

(NPG Operator en ‘Endorphinemachine’, de Prince)

Prince1 Hijo de dios. Muerto y renacido. Profeta de excesos y valentía. Artista de lo estético y musical. Célebre y recluido. Dulzura y salvajismo. Prince Roger Nelson es la construcción de un héroe griego. Hizo tanta música como experiencias vivió. Falleció en el momento menos pensado, como corresponde a un artista extraordinario. Ahora el mundo lo redescubre. Renace nuestro príncipe dorado.

El gran dios griego Zeus tuvo dos hijos. Les llamó Apolo y Dioniso. Ellos son la representación más fiel del espíritu humano. El primero gentil, artista ingenuo, entregado al trabajo y a los sentimientos más puros. El segundo devorador de excesos y hedonismos. Manipulador de ilusiones y seducciones. El dios del vino y magia hipnotizante.

Prince es Apolo y Dioniso.

A lo largo de su carrera nos entregó 39 discos y más de 500 canciones. Hizo del amor las baladas más dulces que alguien pueda imaginar. Escribió las letras más adolescentes y sinceras que un corazón pueda crear. “Nunca quise ser un amante del fin de semana. Sólo quería ser un amigo. No podría robarte de los brazos de otro. Es una pena que nuestra amistad deba terminar”. Purple Rain es un himno al amor más puro y desinteresado. El solo de guitarra que nos regala al final es uno de los momentos musicales más altos de este artista. Emoción y corazones que estallan de amor.

Apolo en carne viva. La ingenuidad hecha creación.

También se vistió con lentejuelas y usó botas de tacones altos como agujas. Sedujo tanto a mujeres y hombres con su voz y caderas. Fue un poster sexual y exaltador de endorfinas. Hizo de sus canciones invitaciones al placer carnal anónimo y transpirado. “Conocí a una chica llamada Nikky. Podrías llamarla diosa sexual. La encontré en el lobby del hotel masturbándose con revistas. No me resistí a su gemir”. Darling Nikky es indecente y provocadora. Sexual y atractiva. Una historia de placer vacío y cuerpos que se unen sólo por un momento.

Dioniso ríe a carcajadas desde su tumba griega.

En 1995 lanzó uno de los discos más completos y trascendentales de su carrera. Le tituló ‘The Gold Experience’. La diferencia fue que Prince ya no era Prince. Se hacía llamar ‘El Símbolo’. Consultado al respecto, ofreció una explicación tan espiritual como lo mundana. “Fue un llamado de dios. Necesitaba librarme de cadenas. Para la reinvención, el primer paso es cambiar de nombre”, explicó. “Además, tengo problemas con la disquera”, agregó.

La canción final de ‘The Gold Experience” es la definición pura del pop. Batería estridente, teclados ridículos y dulces, guitarras distorsionadas y coros épicos con melodías envolventes. En el video musical viste de dorado. Su guitarra también. Su voz es potente y viril. Su atractivo andrógino pone un toque surreal al concierto. De los cielos caen purpurinas brillantes. El solo de guitarra estremece las almas y los oídos del público. Pop para la vida. Pop para celebrar. “Todo lo que brilla no es oro”, canta el artista con sarcasmo poco evidente. Hay festejo en la sala. Muchas gracias, príncipe dorado.

Tras 57 años de vida y más de un millar de conciertos, el artista conocido como Prince nos deja un legado de creación y ebullición. Fue un artista completo. Tan talentoso y virtuoso como atractivo y enigmático. Su música será siempre escuchada, sus vestimentas serán imitadas, su presencia será siempre recordada. Ante todo, su guitarra siempre alcanzará a conmovernos como pocas guitarras podrían hacerlo.

Bienvenido sea Prince al olimpo, junto a Miles, Frida, Dalí y Miguel Ángel.

José Andrés Sánchez

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

*

Últimos de José Andrés Sánchez

Go to Top