DESAPARECIDOS
Por: Ana Ma. Cortés

Yeremi Vargas, Sara Morales y Madeleine McCann tienen en común que hasta el día de hoy no se sabe qué pasó con ellos. Se trata del triste caso de niños desaparecidos.

Un buen día, su familia descubre que ya no están y no hay forma de recuperarlos. Ni siquiera de encontrar “un cuerpo”, que proporcione paz.

La sociedades modernas, cada vez más individualistas, arrojan casos como éstos, donde NADIE vio nada, NADIE sabe nada y NADIE puede aportar información. El caso, en su primer momento, logra desatar una frenética atención mediática, que es recompensada con rating, ejemplares vendidos y visitas virtuales. Luego del “show”, el interés decae (comercialmente hablando) y se va diluyendo en el tiempo. Los únicos que continúan la cruzada, suelen ser los familiares. Luchando día a día, con recuperar la “ayuda” de la prensa y la dedicación de la policía e investigadores.

¿Cómo puede ser que las estadísticas arrojen que en América desaparecen 3000 niños diariamente? Eso quiere decir 125 por hora y 2 por minuto. En el mundo son más de 80.000 por año. La mayoría desparece para ser sometidos a abusos sexuales, otros son raptados por familiares (cónyuge, abuelos) o para ser usados como esclavos. Se dan cuenta de la cifra de niños que pierden la posibilidad de llevar una vida estable (en el caso de los que son mantenidos con vida) y de otros, que pierden la oportunidad de crecer (en el caso de los que son asesinados)?.

Yeremi Vargas, desapareció en Canarias, prácticamente delante de todo mundo. Él se encontraba jugando en el jardín, cerca de sus familiares. La abuela llamó a comer, y todos entraron menos él. Cuando volvieron a llamarlo, ya no estaba. Nadie vio nada, nadie sabe nada. De eso ya van 244 días.

Sara Morales, desapareció en un lugar lleno de gente. Se presume que la chica de 14 años iba hacia un centro comercial donde solía chatear. La hipótesis es que conoció a alguien por Internet y este alguien la raptó o le hizo algo peor. Eso sucedió en julio del 2006. Tampoco la masa de gente que recorría ese trayecto recuerda su presencia, ni mucho menos notó si se encontró con alguien.
Madeleine McCann es el caso que más repercusión ha tenido. Hasta ahora las hipótesis se mueven entre un secuestro de una red de pederastas y la culpabilidad de los padres. La historia es como sacada de una película. Los McCann se encontraban vacacioneando en Portugal, y del mismo hotel donde se encontraban, sustrajeron a Madeleine de su habitación. Maddie dormía junto a sus hermanos gemelos, mientras sus padres cenaban a escasos metros con unos amigos. Muchas celebridades se han unido a este caso, repercusión que la opinión pública no deja de cuestionar, teniendo en cuenta que hay miles de niños que desaparecen por mes, y que no reciben la atención mediática que Madeleine ha suscitado.

El interés tal vez se deba a que la niña es, a ojos vista, muy linda, y sus padres pertenecen a un estrato social relativamente pudiente, por lo que hacerlos partícipes de entrevistas, cápsulas informativas, y otros, resulta “atractivo” para cualquier medio de prensa.

En Bolivia, la prensa todavía no se hace eco de los niños locales que desaparecen diariamente. Se limitan a sacar un pequeño recuadro “Extraviado”, y nada más. No existe página de ayuda para niños desaparecidos, no existe una logística al respecto. El último caso conocido, fue el de uno de los gemelitos que fue sustraído de la maternidad en Santa Cruz, pero el tema de desaparecidos no es tomado en serio en el país.

Aparte de niños que desaparecen, también desaparecen jóvenes y adultos. Sin dejar la misma mínima huella.

Por ejemplo, existe una red de secuestradores y asesinos que trabaja en la zona de Copacabana. Allí se suceden secuestros de todo tipo, durante todo el año, a vista y paciencia de las autoridades. Uno de los casos más sonados fue el de Katharina y Peter, dos jóvenes austríacos que desaparecieron el año pasado cuando se dirigían al Lago Titicaca, y que dos semanas después fueron encontrados muertos. El chico tenía 28 años y la chica 25, se presume fueron secuestrados bajo el siguiente modus operandis: tomaron un taxi o bus, para que los llevara al Lago, en el trayecto se sube otro pasajero, que finge ir en la misma dirección, más tarde se sube un falso policía que pide pasaportes e identificaciones, indica que tienen que ir a otro lugar a confirmar el status de los extranjeros, y es así como los llevan a lugares alejados donde luego empiezan a retirar dinero de las tarjetas de crédito, hasta que o los liberan o los asesinan.

Los jóvenes murieron por asfixia, su familia desesperada creó la siguiente web:

http://www.katharinaandpeter.info/

Web que no piensan suspender hasta el día que obtengan justicia. Lo triste de su relato, es que la policía boliviana no ha colaborado en la captura de los maleantes, aún identificando a Ramiro Milán, como el cabecilla de este grupo de asesinos. En su página web se lee una carta abierta al gobierno de Morales, para salvaguardar a los turistas de estas duras experiencias. Es sobrecogedora la sección de mensajes, donde turistas de todo el mundo cuentan sus casos de secuestros, donde familiares hablan de hijos, padres, hermanos, desaparecidos en Bolivia. Casos que no llegan a la prensa, y que definitivamente las autoridades no tienen interés en resolver.

Estos son sólo algunos de los casos en que esa horrible palabra «Desaparecidos» se hace presente para marcar de por vida a una familia. Casos en que se vive con un fantasma, y cuando finalmente se encuentra un «cuerpo», el fantasma no desaparece. Está bien vivir con la seguridad y la felicidad de que todo está bien, pero no seamos indiferentes al sufrimiento de otros que han visto su estabilidad quebrada por la ausencia de sus seres queridos.
Existen varias webs sobre desaparecidos:

Estos son sólo algunos de los rostros que se quedaron congelados en el tiempo.

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1 Comentario

  1. Es sumamente triste cuando nos damos cuenta que niños inocentes son victimas del crimen organizado en muchas partes del mundo, me siento sumamente mal por saber que pueden estar pasando situaciones de mucho peligro.

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