TEATRO: Sueño de una noche de verano (Santa Cruz Shakespeare Company)

Un sueño incoherente

Por: Toto Torres

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La crítica

Al despertar de un sueño no nos extraña la falta de coherencia, aceptamos sin objeción que un avión entre por la ventana y acto seguido estar vestidos de cocinera en medio de un coliseo romano. Salvo que esa fuese la intención de Ubaldo Nállar (director): partir de que un sueño es capaz de contener todo tipo de discordancia, partir del monólogo final de Puck para armar todo su espectáculo: “If we shadows have offended, / Think but this, and all is mended, / That you have but slumber’d here / While these visions did appear.” y bajo esa premisa intentar construir una obra que aparente la incongruencia de un sueño, salvo en ese caso, “Sueño de una noche de verano” de Santa Cruz Shakespeare Company resulta ser una serie de contradicciones injustificadas.

De inicio, la propuesta (altamente naturalista) de representar la obra en un parque entra en conflicto con la proyección de imágenes, que a modo de decorado, nos dicen lo que ya sabemos a partir del texto: que estamos en un bosque o que estamos en Atenas. Cabe preguntarse qué función cumplen estas proyecciones más allá de ilustrar el texto, si existe la necesidad artística de usar una proyectora o esta decisión responde a otro tipo de pretensión. No se trata de excluir el uso de elementos tecnológicos de una propuesta naturalista, sino de justificar su uso desde la escena misma ¿pará qué proyectar una noche con luna en cuarto menguante si la obra se lleva a cabo al aire libre, en una noche en la que la luna está en cuarto menguante?

Estas incoherencias se hacen presentes más allá de lo escenográfico, actuaciones desequilibradas que oscilan entre lo profesional y lo colegial impiden establecer un código actoral homogéneo, acentos que van desde el español marcado al cruceño constantemente generan un distanciamiento.

Pero es en el vestuario quizás donde se hace más evidente la falta de un concepto capaz de armonizar el todo, un Oberón que parece estar disfrazado de guerrero Azteca no guarda relación con una cantante que usa jeans rotos, o con las dos parejas de enamorados que innecesariamente se van quitando la ropa hasta quedar en boxer y camisón. No son estas decisiones en sí mismas las que cuestiono, sino cómo los distintos elementos de la propuesta se relacionan, o mejor dicho no se relacionan. Dentro del tema de vestuario me llamó la atención particularmente la elección que se hizo para la cabeza del león y la del burro: en la obra, la cabeza de burro es real mientras que el león es solo un disfraz, en la propuesta resulta que la cabeza del león tiene un rostro y una melena mientras la del burro solo tiene dos orejas, viéndose la primera como un disfraz mucho más elaborado, más verosímil que la segunda, que por su simplicidad también parece un disfraz y no una cabeza metamorfoseada. La idea de que la ficción es más verosímil-real que la realidad es muy interesante, mas si esa era la intención ésta se diluye rápidamente porque no hay otros elementos que refuercen esta idea

Preguntas pendientes

Estas son algunas dudas que me dejó el espectáculo: ¿por qué la mentira dentro de la ficción es más verosímil que la ficción? ¿es esta obra coherente con la realidad artística del país, una producción con esos requerimientos: proyecciones, un parque, amplificación, micrófonos, música en vivo, el traslado e instalación de graderías y luces, guarda coherencia con el resto de la producción nacional? ¿cuántas veces puede volverse a presentarse esta obra en esas condiciones? Más importante aun: ¿qué le dice esta obra a nuestra sociedad, qué nos dice el festival con esta obra, dónde radica la importancia de este proyecto escénico, esta Shakespeare Company, nace de una necesidad teatral boliviana?

Habiendo tantos recursos despojados de un núcleo que los articule entre sí y con su sociedad, me pregunto ¿por qué era necesario hacer esta obra?

Post Scriptum / Después del conversatorio

Por suerte tengo la posibilidad de hablar con los grupos sobre sus funciones, así que puede absolver algunas de mis preguntas. La función que vi de Sueño de una noche de verano fue la función estreno de un proyecto que no siempre se presentará en un parque, a veces será presentado en espacios abiertos y otras en escenarios más convencionales donde la proyecciones, sin duda, se perciben de otra manera, habrá que probar cómo es que funcionan estas proyecciones en otros espacios de representación para decidir al respecto.

La Santa Cruz Shakespeare Company debuta también con esta obra y es un proyecto de largo aliento que plantea generar, a partir de obras de Shakespeare, público teatral. A medida que sus producciones avancen piensan incrementar la complejidad de sus propuestas, encararán primero las comedias de Shakespeare y luego los dramas como estrategia para atraer al público. En ese sentido el proyecto tiene un fuerte componente pedagógico, cuyos objetivos formativos aun deben ser definidos conclaridad.

El origen de los vestuarios encuentra su raíz en la cultura guaraní. Por razones técnicas, accidentalmente el vestuario de los personajes de la obra se mezcló (en la función que vi) con el vestuario de la cantante que era parte de la música en vivo de la obra, generando la incoherencia de temporalidad.

El tema del teatro dentro del teatro resultó ser un elemento que aun no ha terminado de solucionarse en la puesta, aun es necesario encontrar una forma de diferenciar la ficción de Príamo y Tisbe del resto de la obra.

FICHA TÉCNICA

Obra: Sueño de una noche de verano

Texto: William Shakespeare

Director: Ubaldo Nállar

Actores: Martín Zambrana, María Inés Ibáñez, Jorge Duabyakosky, Marco Vecin, Miguel Mostajo, Andrea Scotta, Fernando Hevia, Ubaldo Nállar, Diego Cowks, Hector Celso Perrogon Aldapiz, Roberto Paz Diaz, Alejandro Amores.

Acompañamiento musical: Ivette Gala Garcia, Lea Castro y Exequiel Lizzondo

Vestuario: Luis Daniel Agreda Villarroel

Asistencia de dirección: Malena Orias