LOST IN CONTEMPLATION OF WORLD

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José Andrés Sánchez

CUENTO: Quiero volar hacia el sol

Por: José Andrés Sánchez

Sucederá de nuevo, como todos los días. Me tendrán agarrado y no daré pelea.

Durará unos cinco minutos y se acabará. Y pasado mañana ocurrirá otra vez y el viernes también y por eso espero que pronto llegue el fin de semana, para no ir más, y deseo que no llueva y me quiero ir volando hacia el sol.

Mañana a la madrugada, cuando despierte, ya sabré lo que va a pasar.

Mi padre entrará al cuarto, aplaudirá y gritará, ‘ándale, ándale, arriba, arriba, a despertarse, ándale y ándale’. Piensa que es gracioso, aunque en realidad es molesto. Pero funciona, eso sí. Me levantaré al tiro, porque no soporto que grite y prefiero que se calle la boca y por eso lo haré rápido.

Me limpiaré las lagañas, abriré las cortinas para ver si hace frío o calor, si hay sol o está nublado. Me ducharé, asearé y me vestiré. Durante todo ese tiempo, pensaré en lo que vendrá.

Desayunaremos juntos.

Estará mi hermana, que es rara y cotizada por sus ojos grandes y nariz chiquita y no me habla. Ni en la casa, ni en el colegio. Ya se pinta y parece que lo único que le interesa es el carnaval, la ropa y su cortejo. Vive encerrada en su cuarto y, además, es muy buena alumna. Ha ganado diplomas que mis padres enmarcan y cuelgan en las paredes de la sala. A veces, la espío cuando se cambia. Una vez las vi en calzones a ella y a su compañera, Miguela. Eran blancos y brillaban. No la entiendo en verdad. Antes tampoco nos llevábamos bien. Ni mal. Nunca nos llevamos nada. Podría no existir.

También estará mi madre, que no sé muy bien a qué se dedica y que tiene el cabello corto, la boca roja y grande y usa faldas largas que le tapan las piernas. Nos lleva y trae a todos lados. El colegio, las clases particulares, las prácticas de tenis que detesto, porque no puedo ni agarrar una raqueta y menos darle a la pelota, los cumpleaños, esas cosas. Ella está, pero a la vez, es como si no. Sus palabras favoritas son ‘vamos’, ‘andá’, ‘vení’, ‘traé’, ‘llevá’, ‘alzá’, ‘entrá’, ‘salí’. Cuando me despido de ella, que es seguido, le doy un beso y quiero darle un abrazo, pero es imposible. Pone el cachete y sólo dice ‘chau’. Ni me mira.

A veces, hace cenas con amigas que invita a la casa. Yo trato de esconderme, para no tener que saludar, pero sé que estoy obligado a bajar un rato, darles besos, escuchar que estoy creciendo, que soy muy flaquito, que pronto voy a tener corteja. Aguanto todo ello porque después me sirvo un plato de comida y me lo subo al cuarto y me lo trago encima de la cama, que es una de las cosas que más me gusta hacer.

Y bueno, ahí también estará mi padre, que se sienta siempre a la cabecera y nunca nos pregunta nada. Es un tipo grande con bigotes y debe ser importante porque tiene chofer. Su foto y su nombre han salido en el periódico. Una vez un hombre escribió un libro acerca de él y otras personas. Los acusaba de corrupción y más cosas raras. Nunca nos dejaron leerlo, pero lo encontré guardado en uno de sus cajones. Una vez fui a su oficina y era fea, sucia, olía a cigarrillos. Había una foto del alcalde colgada y lo único que él hacía era firmar y firmar hojas.

A veces viaja y la casa es más tranquila cuando no está. Puedo ver la tele a todo volumen o patear la pelota sin miedo a que aparezca y me rete porque no puede dormir o qué se yo. A menudo se queja de algo y resulta que siempre es mi culpa, porque soy un malcriado, porque soy un soberbio, porque soy un flojo, porque soy un atrevido, porque tengo que ser más hombrecito.

Y luego estaré yo, que me llamo Eduardo, tengo trece años y me dicen Chico.

Sí, soy El Chico.

Lo que a mí más me gusta hacer es mirar la tele. Mi programa favorito es el de Garabato. Las conductoras son lindas y usan bonita ropa. Me encanta que su maquillaje sea de colores. También miro Los Halcones Galácticos y el Show de Xuxa. Me gustan las botas de las paquitas y sus falditas cortas. A veces, me saco los bermudas y me quedo sólo con polera y calzoncillos y bailo como lo hacen ellas en la televisión. Una vez entré al cuarto de mi hermana y me puse uno de sus calzones blancos y me pinté los labios. Me gustó cómo se sintió. Desde ese día, aprovecho cada vez que estoy solo en la casa para ponerme su ropa interior. También armo aviones y autos con los ladrillos de juguete que me regaló mi tía para un cumpleaños. Algunas tardes me trepo al techo de la casa y me quedo horas mirando las ventanas de los vecinos. Una vez vi a una mujer desnuda y al casero del terreno de al lado discutiendo con su esposa. A veces, me bajo el short, saco mi pilila y orino hacia el patio, hasta abajo.

Así desayunaremos los tres con la tele encendida en las noticias y de nuevo tendré que tomar ese jarabe de cebollas para mi bronquitis que me deja el tufo horrible y me hace heder a sobaco. Mi madre me retará, como todos los días, ‘arreglate la camisa, sos un desfachatado, tan grandote y no aprendés a vestirte’. Yo miraré a mi hermana y ella me va a poner los ojos de odio que siempre me muestra y le diré a mi madre ‘Ana me molesta’ y ella me ordenará que me calle y que no le de pelota. Y mi padre en la cabecera de la mesa mantendrá la boca cerrada.

Y voy a desear que se alargue el desayuno y no tener que pararme, agarrar la mochila, subir al auto, mirar por la ventana, llegar al colegio, despedirme y que mi madre no me vea y los compañeros en la puerta del curso me saluden, ‘qué haces frenilludo’, ‘hola cuchuqui’, ‘esperate al recreo’ y que las compañeras se rían un poquito y que entre todos ellos esté Luis, que es tan lindo y yo sé que es bueno y que no quiere hacerlo, pero como todos lo hacen, él también.

Luis es más alto que yo y tiene hoyuelos y un lunar en el cachete. Su cabello brilla y sus ojos celestes me alucinan. Lo veré y me pondré nervioso y le sonreiré y él me dará una mueca de asco y me preguntará ‘¿qué mirás mariquita?’. Y recordaré el día que lo vi en las duchas del colegio y el agua le mojaba su cuerpo desnudo y sus vellos negritos en la parte baja de su estómago se humedecían y se lavaba su pilila chiquita y rosadita y yo quería tocarla y sobarla con mis manos.

Y sentiré que se calienta lo que tengo entre mis piernas.

Luego, tendremos clase de lenguaje con la profe Nancy, que tiene unos lentes enormes y sus ojos se ven chiquitingos detrás de ellos. Yo me sentaré en el mismo lugar de todos los días, que es adelante, en la fila del medio y con mi compañera Alexia, que es muy buena conmigo y que, a veces, me defiende.

Como sucede siempre, cuando la profe está en la pizarra y escribe y nos da la espalda, alguien gritará desde atrás ‘¡Atahualpa!’ y yo sabré que es a mí a quien gritan y cuando lo escuche me encogeré un poquito y respiraré más fuerte y mis labios se pondrán duros. Alexia me mirará y me daré cuenta que también me tiene pena y sabré que en algún momento va a llegar un papel arrugado, hecho una pelota dura, que alguien tirará con fuerza y golpeará mi cabeza y me va a doler mucho, pero no me voy a sobar, ni me voy a dar vuelta, ni me voy a enojar, porque es peor.

Y después, cuando suene el timbre y esperemos al profesor de matemáticas, que es un abusivo, yo me quedaré sentado, con la mochila en mis faldas, abrazado a ella y Luis pasará por mi lado y me dará un cocacho en la nuca y me agacharé más y no diré nada y escucharé que dos o tres compañeros ríen y gritan ‘maricón’ y Alexia les dirá que dejen de molestarme.

Y llegará el profesor de matemáticas, que es enorme y fuma y le gusta retarnos y parece que cualquier rato se va a morir, porque no para de toser y es como que en su pecho tuviera un motor, y nos va a hablar de geometría y nos hará pasar a la pizarra y les va a preguntar cosas a Juan Pablo y Ernesto y ellos no van a saber y les dirá que son unos burros, porque así habla él, y yo me voy a reír callado, porque a ellos los odio y quiero que se mueran.

Y después va a sonar el timbre y no me levantaré, porque sé lo que sucederá y me dará miedo y vergüenza y querré irme a mi casa y no venir más, porque todo esto es muy feo y son muy malos conmigo y yo soy un maricón, porque no hago nada, ni me defiendo y dejo que me hagan lo que quieran.

Así que todos van a irse del curso y me quedaré sentado un rato y después me voy a decir, ‘andá nomás y si algo te quieren hacer, te vas a defender’. Y saldré al patio y caminaré bien lentito y buscaré cinco pesos en mi bolsillo para comprarme un donut y me acercaré a la venta y veré a los chicos que juegan, ríen, corren, se empujan y voy a sentir que uno, dos, tres, cuatro personas están detrás de mí y alguien dice, ‘oye’.

Y daré la vuelta y estarán enfrente mío Juan Pablo, Ernesto, Roberto, Luis, con sus peinados hongos y sus mocasines blancos, sus manillas y relojes que les traen de Miami y sus poleritas con dibujos de caballos. Me van a mirar con esos ojos que me asustan y yo me llenaré de rabia, porque no les voy a decir nada y voy a hacer puños en mis manos, pero no levantaré los brazos y mi respiración saldrá fuerte por mi nariz y mi cuerpo se pondrá duro y cerraré los párpados cuando lleguen los empujones y me voy a mecer de un lado a otro y sentiré sus manos que me golpean en mis hombros, espalda, brazos y escucharé que dicen cosas que no entiendo, porque más fuerte suena mi corazón.

Y querré decirle a Luis que se detenga, que no siga, por favor, que yo lo quiero y que me pone triste que me haga esto y que más bien me defienda, porque es lindo y deseo que me abrace y quiero tocarlo y lavarlo en la ducha.

Y, a veces, miraré alrededor y veré a alguno de ellos, o a Alexia o a mi hermana, que están lejos y no hacen nada.

Y después van a venir más chicos y no van a ser más de diez, pero parecerá que son cien y empezarán a gritar ¡A-ta-hual-pa!, ¡A-ta-hual-pa!, ¡A-ta-hual-pa! y alguien me va a dar una patada en el culo y después va a poner su pie para que yo me tropiece y cuando me caiga, entre cuatro o más, me agarrarán de los brazos y piernas y me alzarán y seguirán con los gritos y yo haré fuerza, me pondré como una tabla y gruñiré como perro, porque es lo único que me sale de adentro cuando esto pasa.

Y así, me llevarán por el patio, cargado, mientras ellos gritan y yo gruño y me daré cuenta que estamos cerca de la cancha y que muchas personas miran todo esto y nadie hace nada y todo parecerá un sueño y me querré ir a mi casa y no querré volver más y que todos se mueran y que a mi hermana la deje su cortejo, porque es una cojuda y yo soy un maricón de mierda.

Y voy a tener de pronto el tubo del arco de fútbol entre mis piernas.

Y sentiré cómo me frotan con rabia contra el tubo y mientras lo hacen gritan y parecen unos salvajes salidos del monte y el tubo me rasgará los muslos y los dientes de donde cuelgan las mallas del arco me arañarán la piel y se sentirá caliente y mis huevos me apretarán y me dolerán y tendré miedo de que me los rompan y que el short se abra y vean que uso calzones y lloraré y agarraré fuerte algún brazo porque quiero que alguien me abrace y me diga que esto no va a seguir pasando y dejaré de escuchar los gritos y me meteré en mi mente y sólo distinguiré mi respiración y sentiré el latir de mi corazón y la luz blanca del sol me enceguecerá y me querré ir volando hacia él y las sombras de mis compañeros se confundirán con las nubes y todo se pondrá gris y habrá viento y habrá calma y empezaré a rezar y querré que mi madre me salve y pensaré que no soy un soberbio, que mi padre es un pelotudo y que algún día Luis va a saber que lo amo y que quiero estar a solas con él y que me bese y mi cabeza se pondrá pesada y me marearé y mi boca se secará y tendré los labios paspados y de pronto seré liviano, una pluma, una mariposa, un soplido y escucharé un silbido dentro de mi cabecita y diré algo, pero nadie me entenderá y alguien se reirá y seré yo quien lance carcajadas y me dejaré caer y tendré pasto y arena alrededor mío y lentamente, poquito a poquito, segundo a segundo, como pasa todos los días, como sucede en este momento, mi cuerpo, finalmente, se dormirá.

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MÚSICA: El futuro nació en 1977

Por: José Andrés Sánchez

Television, First Avenue NYC 1977
Television, First Avenue NYC 1977

Una noche durante el verano de 1977 cayó un rayo en Nueva York. El hecho provocó un apagón eléctrico que duró más de 24 horas. Ocurrieron disturbios, robos, asaltos, represión policial. Se reportaron más de mil incendios en la ciudad. El partido de béisbol entre los Mets y los Cubs debió suspenderse.

Nueve millones de personas quedaron a oscuras. La mayoría de los neoyorquinos se quedó en casa, no a causa del apagón, sino por temor al hijo de Sam, un asesino en serie que atacaba a sus víctimas con una pistola calibre .44. Se llevó seis vidas durante el verano. Al ser capturado dijo que seguía las órdenes del perro de su vecina. Un demonio le hablaba.

Ese mismo año despertó en la ciudad la fiebre del disco. El Studio 54 era el templo de las lentejuelas, androginia y cocaína. Los habitués eran Mick Jagger, Andy Warhol y Jhon Travolta. Desde el Bronx llegaba un nuevo ritmo llamado hip hop de la mano de Grand Master Flash. En bares como el CBGB una banda llamada The Ramones rasgaba sus guitarras al ritmo de un rock and roll despeinado y con chamarras de cuero.

Todo esto mientras la ciudad vivía una de las crisis económicas y sociales más dramáticas de su historia.

En ese contexto Television lanzó su primer disco, titulado Marquee Moon.

No era punk. Tampoco rock. Ahora se podría definir como indie, pero en esos años el término no existía. “Yo siempre pensé que éramos una banda de pop” dijo alguna vez Tom Verlaine, guitarrista y cantante del grupo.

La canción que le da el título al álbum tiene una duración de diez minutos. En las primeras frases Verlaine canta: “Recuerdo cuando la oscuridad se desdobló. Rememoro al rayo cayendo sobre sí mismo”. Esto lo escribió antes del apagón.

El tema es minimalista en su interpretación y poético en su lírica. Las baterías llevan adelante la canción, con cadencias que rememoran algo de jazz ingenuo. A partir del minuto cuatro con treinta segundos inicia un intento de solo de guitarra. Eleva la música y hace volar la imaginación. En un momento todo se torna etéreo y pastoral. Si de cadencias hablamos, este es un gran ejemplo.

Escuchar a Marquee Moon es reconocer el futuro que se gestó desde 1977. Su marca está tatuada en la música del momento, sea este momento los ochenta, noventa o el nuevo siglo. Una oscura influencia, casi impresa con tinta invisible en el ADN del rock actual.

Esto sólo podía nacer desde algún callejón oscuro de alguna ciudad desesperada que huye de un asesino en serie.

MÚSICA: Las visiones de Dylan

Por: José Andrés Sánchez

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Londres. 1966. Bob Dylan se coloca un saco gris y camina desde su camerino hasta el escenario de un teatro. Las luces bajas no le permiten ver los rostros de los asistentes. Le acompañan los miembros de su banda de rock. Dylan se cuelga su nueva guitarra eléctrica Fender Telecaster, la conecta al amplificador y rasga unas cuantas notas distorsionadas. Un murmullo invade el auditorio.

– ¡Judas!, grita alguien, oculto desde las sombras.

Dylan se acerca al borde del escenario. Trata de distinguir el rostro de quien le insulta. No lo consigue.

– No te creo, le responde.

Se escuchan algunos aplausos. Otras personas abuchean. Dylan continúa rasgando la guitarra. Las notas del bajo se le unen. Se acerca nuevamente al micrófono.

– ¡Eres un mentiroso!, grita el compositor.

Da la espalda a su público y mira a los músicos que le acompañan. Les sonríe y les ordena:

– Toquen jodidamente fuerte.

Luego Dylan canta, rabioso y a todo pulmón, arrastrando las sílabas: ‘Una vez hubo un tiempo en que te vestías muy bien, le lanzabas monedas a los vagabundos, ¿no fue así? La gente te decía, ten cuidado muñeco, estás destinado a caer’.

Así inició, aquella noche en Inglaterra, la presentación de ‘Like a Rolling Stone’. Una premonición.

Este episodio ocurrió durante la gira de lanzamiento del disco doble ‘Blonde on Blonde. Dentro de esta placa se encuentran algunas de las canciones más emblemáticas del repertorio de Dylan. El álbum forma parte de la seguidilla de producciones eléctricas que alejaron a Dylan de su masa de fans folk. En un par de años, el cantante pasó de ser el ‘posterboy’ de la canción de protesta norteamericana a un ídolo pop de cabellos greñudos, ropa de marca y gafas Ray Ban.

El conservadurismo folk jamás le perdonó semejante transición. Dylan ya no era un hombre del pueblo, que dedicaba sus creaciones al trabajador común y reprimido por el sistema. El cantante se asemejaba más a un personaje de alguna nouvelle urbana. Sarcástico, andrógino, amigo de los Beatles y Allen Ginsberg.

Una de las canciones más emblemáticas de este periodo es ‘Visiones de Johanna’. Se trata de un tema de más de siete minutos que nos deja una historia difusa acerca de alguien que vive en la mente del compositor. Musicalmente es un tema sencillo. Apenas un puñado de notas que se repiten sistemáticamente, acompañadas por una batería y una armónica sutiles. La voz de Dylan es casi un lamento.

El poder de la canción, como en casi todas las creaciones de Dylan, radica en la lírica. Visiones de Johanna nos presenta pincelazos de poesía que aclaran muy poco, pero dejan por sentado que algo profundo y enigmático se esconde detrás de las metáforas. Un secreto.

A lo largo del tema Dylan nos presenta personajes y situaciones que bien podrían pertenecer a una película de Fellini. Nos habla acerca de una mujer llamada Louise. Ella toma un poco de lluvia y nos tienta a desafiarlo. Un grupo de bailarinas resguardadas por un hombre ciego. Susurran y sueñan con escapar en un tren. Un fantasma eléctrico que aúlla desde los huesos de sus rostros. Un joven perdido que se toma muy en serio. Le gusta vivir peligrosamente y recuerda un beso despedida. Un museo en el que se desarrolla un juicio. La acusada es la infinidad y se escuchan voces que reclaman salvación.

La Mona Lisa siente nostalgia.

Detrás de estas escenas, al final de cada verso, aparecen las visiones de Johanna; que conquistan su mente, reemplazan su lugar, lo mantienen despierto hasta el amanecer, que parecen ser muy crueles.

Dylan escribió la Visiones de Johanna en un cuarto de hotel, acompañado por su esposa Sara. Lo hizo poco tiempo después de terminar su relación con la cantante Joan Báez. Es, en definitiva, una canción de desamor. La musa le había abandonado.

Tras la gira de promoción de Blonde on Blonde el cantante y compositor se recluyó en su estancia en Nashville. Editó discos con estilos diferentes e incluso llegó a cambiar su manera de cantar. Evitó las entrevistas, se convirtió al cristianismo y no volvió a pisar un escenario en ocho años. Algo se había roto en su corazón. Años más tarde, en una entrevista televisiva, Dylan dijo acerca de la época de Blonde on Blonde: “No sé cómo lo hice. Aunque quisiera, no podría componer las canciones que hice en esos momentos”. Dicen los románticos que uno nunca se queda con su primer amor. Tal vez las Visiones de Johanna jamás le abandonaron.

CIUDAD: Río de Janeiro

Un Río de emociones

Por: José Andrés Sánchez

El presentador toma el micrófono y alza la voz. No grita. Lo hace con ritmo. Casi rap, casi hip hop. “¡Mayores son los poderes del pueblo! ¡Viva la democracia! ¡Con ustedes… Tom Zé!”. Dos mil personas aplauden y gritan desde la sala. El cantante ingresa tomado de la mano de su guitarrista. Visten de negro y saludan con tranquilidad. Súbitamente el bahiano calma los ánimos de la platea y anuncia: “Antes de empezar el concierto, cantaremos a dúo para recordar a nuestro amigo Fernando. Murió esta semana”. Silencio en la sala. Respeto y duelo. La felicidad y la saudade se saludan cordialmente.

Luego vendrán dos horas de música conmovedora. Samba, forró, rock, punk, baladas y funk. Un repaso por la carrera de este artista de 80 años. Habrá baile y canto. Para la última canción, Zé usará una bombacha rosada y bailará como un adolescente. La platea está llena de tatuajes y barbas. Adolescentes y adultos que disfrutan la vida. El lugar se llama Circo Voador. La ciudad es Rio de Janeiro. La alegría es brasilera.

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Hay un secreto detrás de los posters turísticos, las zungas y los bikinis diminutos. Detrás de las playas de Ipanema y Copacabana, parapetada bajo el Cristo y en las faldas del Pan de Azúcar, hay una ciudad que estalla con potencia volcánica. Los cariocas tienen sangre caliente y sonrisa a flor de piel. Escondidos detrás de los slogans de Copas del Mundo y Olimpiadas, ellos construyen una ciudad que busca un destino desde hace 451 años. Ciudad adolescente y excitada. Rio de Janeiro respira y vibra mucho más fuerte de lo que imaginamos.

Dentro de sus 1.182 kilómetros cuadrados habitan poco más de 12 millones de personas. 6 de esos millones recorren las calles de la ciudad. Apenas 500 mil residen en las zonas turísticas y tradicionales de Rio. ¿Dónde está el resto? ¿Cómo pasan sus días los habitantes de Ciudad de Dios? ¿Cómo sobreviven en Costa Barros y Acari? ¿Cómo se expresan los artistas de esta ciudad que en sí misma es una obra de arte de la humanidad?

En el barrio de Gamboa existe una pequeña, moderna y elegante sala de teatro. Se llama Galpón Gamboa y allí se presentan obras de autores brasileros. Por ejemplo la obra ‘Mamá’, escrita, actuada y dirigida por Álamo Facó. Este artista es reconocido por su participación en la serie televisiva ‘Mujer Maravilla’. Pero en el Galpón se transforma en ‘Lázaro’ y relata una experiencia tan personal como conmovedora. “La pieza da voz a Marta, que al perder sus facultades, comienza a expandir su conciencia a límites inesperados”, explica Facó en el folleto de la presentación. Marta es su madre. Murió hace 5 años víctima de un tumor cerebral. Facó ahora desnuda su duelo. Lo comparte y se cura sobre el escenario. Lo hace con dramatismo, humor, resignación, honestidad y una enorme técnica actoral. Cuánta valentía. Cuánta elegancia. Cuan conmovedora historia desde el corazón de un carioca.

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Rio de Janeiro también es una ciudad museos. Se cuentan al menos una veintena de ellos con temáticas diversas y curiosas: Museos del fútbol, del Indio, de las Artes Modernas, de la Vida, Aeroespacial, entre otros. Uno de los más recomendados por los cariocas es el Centro Cultural del Banco Central de Brasil. La exposición que se exhibe en este momento es sorprendente, altamente provocativa, sexy y lúdica. Es el trabajo de la artista australiana Patricia Piccinini. En las salas de la exposición se recorrerán mundos imaginados e inventados, con esculturas, videos, sonidos, instalaciones y poesía posmoderna. “Si nuestra primer reacción frente a estas bizarras criaturas es revulsión o extrañeza, en el instante que sigue la artista nos despierta sentimientos de empatía. Sólo debemos maravillarnos con la mirada de estos seres”, nos aclaran en el folleto de la exposición.

Se trata de amor a segunda vista. Piccinini nos expone frente a seres deformes, asexuados y por momentos eróticos. Infantiles y ferales a la vez. Tiernos en esencia y salvajes por naturaleza. No son de este mundo, pero podrían serlo. Sólo basta darles una segunda mirada para enamorarse de ellos, superar el asco y el temor. Una de las escultura se titula “El visitante gentil”. Muestra una pequeña cama de una plaza. Sobre ella una niña de cabellos largos observa maravillada al ser que se posa frente a ella. La criatura está desnuda. Su piel es blanca y se sostiene sobre enormes uñas. En el borde de la cama se exhibe un enorme pavo real. ¿Es el ave el visitante gentil? ¿Lo es el monstruo? ¿O somos nosotros, tímidos observadores de esta intimidad de ensueño?

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El ritmo carioca vibra en bares y discotecas de la ciudad. La sorpresa es que no siempre suenan sambas o bossa novas. Una noche de fiesta en Río puede disfrutarse en una enorme discoteca, dentro de un edificio abandonado en el tradicional barrio de Laranjeiras. Dentro de esta sala oscura, misteriosa y de colores, respira la Río de Janeiro marginal, entregada a ritmos electrónicos. A la vez, hay que conocer la Río de los cafés de Santa Teresa. Tiendas, cafecitos, botecos, todos mezclados en las calles de este barrio tradicional que se encuentra dentro de un morro. Desde algunas curvas en altura podemos observar la magnificencia de Río de Janeiro. A lo lejos veremos el Maracaná, el Cristo, el Pan de Azúcar. Apenas reconoceremos las playas de turistas.

Es un desafío rebasar las murallas de Copacabana e Ipanema. El premio por adentrarse en la otra Río de Janeiro viene en forma de ferias de antigüedades, calles peatonales con restaurantes y música en vivo, charlas con cariocas fascinantes de sonrisa fácil y ánimo por la vida, portales de una ciudad que se esconde debajo de los morros. Río es mucho más que playas, olimpiadas y copas del Mundo. Río de Janeiro sin playa es un mar de emociones.

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José Andrés Sáncez

MÚSICA: Radiohead

LOS SOÑADORES

Por: José Andrés Sánchez

Un piano. Una melodía. Ternura musical y guitarras que suenan a xilófonos. La voz nos acaricia de entrada. “Los soñadores. Ellos nunca aprenden”, dice la voz que canta. La canción se llama “Soñando en despierto”. El video nos muestra a Thom Yorke abriendo puertas. Entra a una sala de hospital. Una lavandería. Una guardería, una biblioteca y un hogar. No llega a ningún lugar. Las puertas se abren pero la habitación no es la que él espera.

¿Adónde vamos con tanto apuro? ¿Cuál es el propósito? ¿Queremos pasarnos la vida abriendo puertas a la nada?

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La portada del nuevo disco de Radiohead es etérea y pastoral. Colores blancos, negros y grises que dan calma dentro de un universo confuso. El título del álbum también parece salido de un sueño: “Una piscina en forma de luna”. Pasaron 5 años para que lancen este nuevo trabajo. En un caso, una de las canciones fue compuesta en 1995. Tuvo que esperar 21 años para formar parte de un disco oficial de la banda. El título de esa canción es precisamente “El verdadero amor espera” y es el último tema del álbum.

El video de “Soñando en despierto” fue dirigido por Paul Thomas Anderson, responsable por maravillas como “Petróleo Sangriento”, “Magnolia” y “The Master”. En un momento, una de las puertas lleva a Thom hacia el borde de una montaña bañada en nieve. Anochece, mientras la intensidad de la música nos eleva hasta la cúspide. Suenan violas y chelos. Parece una premoción. Algo sucederá, aunque no sabemos qué será ni en qué momento pasará

tumblr_o6rihau2BJ1qfzmu7o2_1280Finalmente Thom encuentra una cueva y se instala al lado de un fuego reconfortante. Su rostro, sin embargo, refleja angustia y soledad. Ese fuego no es suficiente. Su calor no es calor. Como algunas vidas, parece quedar a medio camino de los deseos más intensos. La música muta y nos aleja del sueño. Todo esto parece una pesadilla. El cantante murmura algo. Muchas voces hablan y todo se vuelve oscuro y violento. Él sigue en la cueva, con la mirada clavada en el fuego. ¿Es Thom valiente o se está escondiendo?

El artista hace catarsis de sus emociones. Las comparte para que otros le ayuden a cargar algunas mochilas que parecen demasiado pesadas. Eso es valentía y fuego interno. Abrir puertas a ningún lugar es una manera de vivir. Esconderse en cuevas con fuegos fatuos es otra. Escribir una canción que nos habla de sueños e ilusiones y compartirla con el mundo es vivir valientemente.

José Andrés Sánchez

MÚSICA: Prince

Bienvenido al Olimpo

 Por: José Andrés Sánchez

Prince está muerto. Prince está muerto.

Que viva para siempre el Poder de la Nueva Generación

(NPG Operator en ‘Endorphinemachine’, de Prince)

Prince1 Hijo de dios. Muerto y renacido. Profeta de excesos y valentía. Artista de lo estético y musical. Célebre y recluido. Dulzura y salvajismo. Prince Roger Nelson es la construcción de un héroe griego. Hizo tanta música como experiencias vivió. Falleció en el momento menos pensado, como corresponde a un artista extraordinario. Ahora el mundo lo redescubre. Renace nuestro príncipe dorado.

El gran dios griego Zeus tuvo dos hijos. Les llamó Apolo y Dioniso. Ellos son la representación más fiel del espíritu humano. El primero gentil, artista ingenuo, entregado al trabajo y a los sentimientos más puros. El segundo devorador de excesos y hedonismos. Manipulador de ilusiones y seducciones. El dios del vino y magia hipnotizante.

Prince es Apolo y Dioniso.

A lo largo de su carrera nos entregó 39 discos y más de 500 canciones. Hizo del amor las baladas más dulces que alguien pueda imaginar. Escribió las letras más adolescentes y sinceras que un corazón pueda crear. “Nunca quise ser un amante del fin de semana. Sólo quería ser un amigo. No podría robarte de los brazos de otro. Es una pena que nuestra amistad deba terminar”. Purple Rain es un himno al amor más puro y desinteresado. El solo de guitarra que nos regala al final es uno de los momentos musicales más altos de este artista. Emoción y corazones que estallan de amor.

Apolo en carne viva. La ingenuidad hecha creación.

También se vistió con lentejuelas y usó botas de tacones altos como agujas. Sedujo tanto a mujeres y hombres con su voz y caderas. Fue un poster sexual y exaltador de endorfinas. Hizo de sus canciones invitaciones al placer carnal anónimo y transpirado. “Conocí a una chica llamada Nikky. Podrías llamarla diosa sexual. La encontré en el lobby del hotel masturbándose con revistas. No me resistí a su gemir”. Darling Nikky es indecente y provocadora. Sexual y atractiva. Una historia de placer vacío y cuerpos que se unen sólo por un momento.

Dioniso ríe a carcajadas desde su tumba griega.

En 1995 lanzó uno de los discos más completos y trascendentales de su carrera. Le tituló ‘The Gold Experience’. La diferencia fue que Prince ya no era Prince. Se hacía llamar ‘El Símbolo’. Consultado al respecto, ofreció una explicación tan espiritual como lo mundana. “Fue un llamado de dios. Necesitaba librarme de cadenas. Para la reinvención, el primer paso es cambiar de nombre”, explicó. “Además, tengo problemas con la disquera”, agregó.

La canción final de ‘The Gold Experience” es la definición pura del pop. Batería estridente, teclados ridículos y dulces, guitarras distorsionadas y coros épicos con melodías envolventes. En el video musical viste de dorado. Su guitarra también. Su voz es potente y viril. Su atractivo andrógino pone un toque surreal al concierto. De los cielos caen purpurinas brillantes. El solo de guitarra estremece las almas y los oídos del público. Pop para la vida. Pop para celebrar. “Todo lo que brilla no es oro”, canta el artista con sarcasmo poco evidente. Hay festejo en la sala. Muchas gracias, príncipe dorado.

Tras 57 años de vida y más de un millar de conciertos, el artista conocido como Prince nos deja un legado de creación y ebullición. Fue un artista completo. Tan talentoso y virtuoso como atractivo y enigmático. Su música será siempre escuchada, sus vestimentas serán imitadas, su presencia será siempre recordada. Ante todo, su guitarra siempre alcanzará a conmovernos como pocas guitarras podrían hacerlo.

Bienvenido sea Prince al olimpo, junto a Miles, Frida, Dalí y Miguel Ángel.

José Andrés Sánchez

TEATRO: La moribunda

No sabrás lo que es el amor

Por: José Andrés Sánchez

No sabrás cómo duelen los labios,

hasta que hayas besado y pagado el costo

(Don Raye)

ea79d3cd-b6c9-4f16-9395-e802bff654d9Al final hace su ingreso Chet Baker. Luz baja en el escenario. Transpiración y pasión. “No sabes cuánto queman los corazones, por un amor que no vive, más nunca muere”. Piano, trompeta y una voz de dulce melancolía. Los actores se besan, los corazones laten, los labios duelen. Alguien dentro de la sala suelta una solitaria lágrima. Sobre el escenario se escucha el gemido del desamor.

Nosotros, el público, presenciamos un viaje por emociones absurdas y reales. ¿Cuántas toneladas de energía nos acaban de regalar ambos actores? ¿Cuánto debieron vivir para ofrecernos tal intensidad sobre el escenario? ¿Qué debió morir, para que La Moribunda viva? “No sabrás lo que es el amor, hasta que aprendas el significado de la tristeza”.

En 1987 falleció el actor y dramaturgo argentino Batato Barea. Hizo teatro irreverente, despojado de cánones. Fue libre. Murió de Sida. Pocas semanas después sus compañeros de tablas Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonese presentaron una nueva obra. Era la historia de dos hermanas que cuidan a otra hermana convaleciente. Fuera de la casa sucede algo que las obliga a mantener un encierro durante décadas. ¿Una guerra? ¿Un tsunami? ¿El fin del mundo? ¿La vida misma?

Lo que Javier Silva y Nathalya Santana nos ofrecen tiene sabor a renacimiento. Sobre el escenario, ellos se mueven sobre tres niveles y recorren las cuatro estaciones del año. “El propósito de presentarla fue un amor profundo por el texto”, explicó luego Silva, que además es el director. “Es una combinación entre lo poético y lo grotesco. Tiene rituales y a la vez se desarma. Empieza como algo denso, con estos dos monstruos deformes. Luego los códigos se transforman. Termina siendo casi una joda”.

A los actores les tomó tres meses de trabajo dar vida a las hermanas Kara y Karren. Incluso realizaron un retiro en las montañas de Samaipata. Allí, acompañados por la tranquilidad de la brisa valluna y su clima templado, forjaron las personalidades de estas hermanas intensas y destruidas por la tragedia. Había que escapar del bullicio citadino para crear este delicado Frankenstein, o como Silva lo llama “este bebé de siete dedos en cada mano”.

La canción que suena al final se llama “No sabrás lo que es el amor”, compuesta por Don Raye y Gene de Paul. La interpreta el trompetista y cantante Chet Baker. La sensibilidad de su voz es delicada y desesperada. En vida, el músico recurrió a mundos imaginarios con el fin de salvarse. Su elección fue la heroína.

Kara y Karren también crean ilusiones para sobrevivir. Ellas imaginan que van a la playa, organizan cenas ficticias con escritores y artistas, juegan al amor y la pasión. Todo con desespero y urgencia. Todo para sobrevivir. Exuberante fantasía aquella de inventar mundos para encontrar una sonrisa y labios que nos besen.

“¿Cómo podrías saber lo que es el amor, lo que es el amor, lo que es el amor…?”

¿Acaso no es eso justamente el amor?

José Andrés Sánchez

CIUDAD: Lo que piensan los monumentos

La imaginación está hecha de convenciones de la memoria.

Si yo no tuviera memoria no podría imaginar

(Jorge Luis Borges)

“Mami, ¿qué está mirando ese hombre?”

La niña que pregunta tiene los ojos entreabiertos. El sol la enceguece. Mira hacia el busto que se erige en la esquina de la plaza. Alrededor, otros padres e hijos salen del colegio con apuro. Es la una de la tarde en Santa Cruz de la Sierra.

“¿Por qué usa gafas si es una estatua?”, consulta una vez más. Su madre la toma de la mano y la lleva hacia el auto. Por sobre el hombro, la niña observa el busto. Trata de descubrir lo que las gafas ocultan. “¿Qué mira ese hombre?” La duda quedará pegada en su mente durante años.

Los alemanes le llaman ‘Denkmal’. En su traducción rígida significa ‘Monumento’. Escrito con las palabras separadas, ‘denk mal’ puede leerse como una interpelación a la mente: ‘¡Piensa!’. Es una genuina descripción de aquello hecho para observar el pasado, rendir homenaje al presente y plantear el futuro.

Los monumentos son la memoria tangible de una sociedad.

Dentro de nuestros anillos conviven alrededor de 60 monumentos escultóricos, arquitectónicos e históricos. Andrés Ibañez levanta la bandera cruceña. El Cacique Chiriguano mira desafiante a los automóviles del segundo anillo y El Cristo Redentor pide calma y paciencia. Ñuflo de Chávez sufre por su enorme capa de pieles de animales. Warnes apunta su espada hacia algún enemigo imaginario.

Algunos descansan en plazas, rodeados de árboles y peatones. Otros se enfrentan al frenesí del tráfico desde las rotondas. Alrededor de ellos la ciudad sigue su caótico ritmo. ¿Quién se detiene a observarlos y escuchar lo que desean recordarnos? ¿Qué es lo que ellos piensan de nosotros?

¿Somos la memoria que ellos imaginaron?

Pensemos en algunos de nuestros monumentos. Gladys Moreno sostiene un micrófono y canta desde la Manzana Uno. La hermosa escultura del artista Juan Bustillos sirve como excusa para fotografías de transeúntes y turistas e inspiración de poetas locales. Todos la recuerdan, pero ¿cuántos realmente conocen su voz? Su último álbum fue editado en 1987 y desde entonces no se han lanzado recopilaciones ni discos conmemorativos.

En 2015 los videastas Roberto Dotti y Claudia Elder realizaron un documental para homenajear a la ‘Embajadora de la Canción Boliviana’. “Las nuevas generaciones no conocen la obra de Gladys. Nuestros hijos no conocían sus canciones”, explicó Dotti en una charla a respecto. La falta de memoria fue el disparador de ese proyecto. El audiovisual titulado “Gladys Moreno, la voz del Alma” se ha visto esporádicamente en TV Culturas y corre el riesgo de quedar guardado en los archivos de alguna videoteca pública. Al parecer el micrófono de su monumento está desenchufado.

Otro de estos monumentos decidió usar gafas. La plaqueta dice: “En justo homenaje al escritor y poeta cruceño Dr. Antonio Landívar Serrate. Su obra y vida literaria perdurarán por siempre”. Es un respetable busto que muestra al escritor usando un terno, corbata, escarapela y gafas que ocultan sus ojos. El poeta vivió 85 años y fue nombrado ‘Hijo Ilustre de Santa Cruz’ y condecorado con el ‘Cóndor de los Andes’. También fue ciego.

En su libro de relatos ‘Láminas para colorear’ nos regaló el cuento titulado ‘La noche que volví a ver’. Allí imagina que la vista vuelve a sus ojos. Es esperanzador y mágico. Una frase de este cuento, sin embargo, retrata la desazón del poeta que ahora está guardado dentro del busto: “¿Cuánto tiempo permanecí allí, postrado y maltrecho, esperando que el maleficio se disipara? Días, meses, años tal vez…” Quizá debiéramos quitarle las gafas al monumento.

Hace recuerdo a Borges, a quien sólo le quedaba su memoria para recordar aquello que sus ojos no podían ver. Frente al busto hay un colegio privado, condominios, una transitada avenida y una plaza para la pasión de los enamorados y el deleite de los deportistas. ¿Así imaginó el poeta el lugar donde colocarían su estatua?

La niña recordará por siempre ese monumento. Lo pensará con intriga y un deseo inexplicable por entender las gafas. Tal vez nadie se lo explique nunca. Ni su madre ni las aulas. Tal vez conozca la verdad al explorar la solitaria biblioteca de un museo de la ciudad. Entenderá, finalmente, que la imaginación necesita de la historia, así como un exceso de historia daña lo imaginado.

José Andrés Sánchez

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