POESÍA/MÚSICA: Mañana de domingo

Por: José Andrés Sánchez

Sunday Morning-Adaptación ilustrada de Sean Robinson
Sunday Morning-Adaptación ilustrada de Sean Robinson

En 1944 los escritores Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares tradujeron un poema del inglés al español. El trabajo se publicó en la revista bonaerense Sur. El título del escrito es ‘Mañana de domingo’ y fue creación del norteamericano Wallace Stevens.

Se trata de un poema dividido en ocho secciones. Los protagonistas son un hombre y una mujer que se debaten entre el placer de una plácida mañana y las elucubraciones filosóficas acerca de la muerte y el sentido de la vida.

Las paradojas mentales que nos trae un tiempo de sosiego.

El poema inicia con las siguiente frases:

Complacencias del batón, y tardío / Café y naranjas en una silla al sol, / Y la verde libertad de un papagayo, / Se mezclan en una alfombra para disipar / El sagrado silencio de los sacrificios antiguos.

‘Mañana de domingo’ fue publicado en 1915 en el primer libro de Wallace, titulado ‘Harmonium’. Dentro del cánon norteamericano es considerado uno de los más grandes poemas del siglo XX. Sin duda es un enorme texto de contemplación.

Y las mañanas de domingo continuaron su papel de musa artística.

En 1977 el ritmo del Motown causaba furor en las discotecas. Los grupos de afroamericanos, con sus enormes peinados y pantalones campana, inundaban las señales de radio y hacían brillar las pantallas de los televisores a color. Uno de estos grupos era The Commodores. Su líder en el piano, voz y composición, era Lionel Richie, un hombre negro de sonrisa amplia, dientes blancos y optimismo desbordante. Sólo alguien así podía escribir una canción como ‘Easy’.

El tema es una balada con ritmos de country y piano de salón. Habla de un hombre que deja a una mujer. Pero él no está devastado. Todo lo contrario. Se siente ‘tan simple como un domingo a la mañana’. Al explicar la historia, Richie señaló que deseaba evocar ‘la muerte del día en un pequeño pueblo sureño a las once de la noche’.

Nuevamente un hombre y una mujer y un domingo a la mañana en paz.

Quince años más tarde una banda llamada Faith No More se adueñó de esta canción. Eran los tiempos en los que la música popular se debatía entre Whitney Houston y Guns n Roses y detrás de ellos aparecía la amenaza del grunge.

Faith No More no pertenecía a ninguno de estos grupos de artistas. Se formaron en California en 1978 y conjugaron un estilo que mezclaba Hevy Metal, funk y baladas. Hacia principios de los 90 cerraban sus conciertos con una versión del tema de los Commodores. Sus fans quedaban sorprendidos. Después de una avalancha de rock el cantante Mike Patton les acariciaba los oídos con una balada Motown. ¡Ah, los hermosos 90!

¿Por qué ese amor por la canción de los Commodores? El bajista de la banda lo explicó de la siguiente manera: “Nos gusta ‘Easy’ de una forma dolorosa. Nos recuerda la niñez’.

Nuevamente una mañana de domingo y el dolor de la existencia dentro de una balada sureña.

El poema de Stevens cierra con las siguientes frases:

Las dulces frutillas maduran en la soledad; / Y, en el aislamiento del cielo, / Al atardecer, bandadas casuales de palomas trazan / Ambiguas ondulaciones cuando descienden / Hacia la oscuridad, con extendidas alas.

Y así, mientras el hombre y la mujer se debaten entre pensamientos trágicos y sensuales, la naturaleza avanza, dentro de una canción, en una mañana de domingo en el sur de norteamerica.

Wallace es considerado unos de los poetas más importantes del siglo pasado. No es poca cosa que Borges lo haya traducido. Ambos tenían en común una fascinación mágica con la imaginación. Alguna vez Borges dijo que si él ‘no tuviese memoria, no podría imaginar’. Lo mismo pensaba Stevens, que en un momento escribió que ‘la realidad es producto de la imaginación… y así se forma el mundo’... un domingo a la mañana, contemplando la naturaleza, mirando sombras negras que vuelan por lo bajo.