MÚSICA: Mis amigos y Roger

Por: José Andrés Sánchez

Mis amigos lo hacían al menos dos veces por año. Cargaban las mochilas, las carpas, los parlantes y la bandera. Siempre la bandera. Cogían el autobús y viajaban. Entre cerros y rocas, al lado del río. Veinte kilómetros antes de llegar al pueblo iniciaban la caminata. En la segunda caída de agua, se bañaban. Tomaban el sol sobre la arena mojada. Luego continuaban. A través de senderos angostos, bajo el día, entre las malezas. A veces, fumaban. Alcanzaban una cima y la rebasaban. En la tercera, la más alta, tiraban las mochilas sobre la grama. Admiraban el mundo verde allá abajo. Las cicatrices de la tierra, el atardecer naranja. Armaban las carpas. Clavaban la bandera en el piso y ella ondeada. Blanca y larga, ondeaba. Con dos negras palabras escritas a mano: Pink Floyd. Encendían los parlantes y escuchaban. Se tiraban de espaldas y cantaban.

Hace un par de meses Roger Waters lanzó un nuevo disco. Le tituló ‘¿Es esta la vida que en verdad deseamos?’. Una de las canciones se llama ‘Wait for her’ y es un tema despojado de grandilocuencia. Voces, piano y guitarras acústicas, nada más. El video presenta a una mujer que, frente a un espejo, enciende un cigarrillo. Está dentro de un cuarto de maquillaje. De su cartera extrae dos fotografías. Muestran rostros de niños. El piano marca una cadencia en escala de Sol. La voz de Roger dice: ‘con siete almohadones puestos, quédate en calma y espera’.

Las palabras pertenecen al poeta palestino Mahmoud Darwish. Las escribió para ‘Lecciones de Kamasutra’. Se trata de un poema que relata una sensual espera. Darwish nació en 1941. Cuando niño, su aldea desapareció tras un bombardeo. Vivió en Líbano, Israel, Rusia, Egipto, Francia y Túnez. Durante veinte años construyó su obra. Habló acerca del exilio, la tragedia palestina, las mitologías de Oriente y los fantasmas.

Hacia el final del video la mujer se coloca un vestido negro. Su hombro izquierdo muestra piel quemada. Se abriga con una mantilla y mira su reflejo. Roger canta: “Habla suave, así como una flauta lo haría con un violín”. Ella enciende otro cigarrillo y llora.

Hoy día mis amigos despertaron con las primeras luces de la madrugada. Se dirigieron a sus respectivos trabajos. Al mediodía almorzaron con sus familias. Miraron los ojos de sus esposas. En algún momento, tomaron a sus hijos en brazos. Tal vez los cobijaron en sus camas. Llegada la noche abrieron una botella de vino o bebieron algo de cerveza. Cada uno dentro de su hogar. Quizá fumaron. Salieron a sus balcones, patios, porches, calles. Se colocaron los audífonos y escucharon. Esperaron.

Esta nota salió publicada en el suplemento cultural Brújula (periódico El Deber) el sábado 14 de octubre.

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