MÚSICA: Chris Cornell

El hombre cuchara, un recuerdo de Chris Cornell

Por: José Andrés Sánchez

Nadie sabe a ciencia cierta cómo inició su apego a las cucharas. Muchas cosas se dicen en Seattle. Algunos insinúan una niñez tan paupérrima que los cubiertos familiares fueron los únicos juguetes que tuvo a disposición. También se ha escuchado cierta teoría acerca de un padre amante en exceso del whisky, una madre obesa y algunas actividades turbias dentro de la casa rodante donde vivían.

Todo es posible en las esquinas de la gris ciudad.

Cualquier dato ayuda a elevar el mito del hombre que hace música con cucharas. Cientos de ellas dentro de estuches plomizos, dispuestas en orden sobre cualquier acera húmeda del centro de la urbe. El cuerpo musculoso, un corte mohawk, los ojos ennegrecidos, pies descalzos, camiseta sin mangas y un pantalón de tela blanca que, a pesar del smog, parece recién salido de alguna tintorería.

Le llaman Artis. Se hace llamar Artis. Responde al nombre de Artis y todas las tardes, en cualquier punto de la ciudad, crea ritmos con instrumentos metalizados que, en manos de otros, servirían apenas para alimentar estómagos vacíos.

Nació en Alaska. Eso es algo que Artis no oculta. No es un secreto que fue marinero en el ejército norteamericano y trabajador postal. Tocó con Frank Zappa y ése tampoco es un dato menor. Además, escribe. En 1993 publicó un libro con poemas e historias cortas de su autoría. El título fue ‘Las aspiraciones y motivaciones de Artis desde el útero hacia el vacío’.

Supe de él gracias a un video de Soundgarden. También fue mi primer encuentro con ellos. Eran los inicios de la década de los noventa. El cable y MTV acababan de llegar a Santa Cruz. De pronto había algo para mirar en la televisión. El presentador habló de la banda y de su nuevo disco. Enlistó los grupos de la movida roquera de Seattle. Nirvana, Pearl Jam, Alice In Chains. Recuerdo que la música era algo muy serio en esos años. Anunció el video. Lo transmitieron. La primera imagen fue un par de pies descalzos. Frente a ellos, decenas de cucharas de diversos tamaños y unas manos que las golpeaban. Hubo ritmo y luego inició la música. Guitarras, baterías y una voz hechizante que decía: ‘Siente el ritmo con tus manos. Roba el ritmo mientras puedas. Hombre Cuchara’.

Todo fue muy raro e inolvidable.

Más allá de lo visto aquella tarde, no averigüé otras cosas acerca de Artis. No le seguí el rastro. Sin embargo (e irremediablemente) me convertí en simpatizante de Soundgarden. Compré el disco, titulado ‘Superunknown’, aprendí las letras, escuché las canciones con los parlantes a todo volumen dentro de la habitación. El recuerdo del hombre de mohawk, manos gigantes y cucharas impensables quedó pegado a la música de la banda.

Acerca de Artis, el cantante Chris Cornell dijo alguna vez: “La canción (Spoonman) habla de paradojas: ¿quién es Artis realmente y qué es lo que la gente percibe de él? Es un músico, pero cuando lo ven piensan que es vagabundo”.

En el video de Spoonman el rostro de Artis aparece en la última toma. Sonríe y alarga su lengua. Tiene una barba de una semana y los dientes amarillos. Es imposible colocarle una edad definitiva. Puede tener más de treinta, pero no menos de sesenta años. Durante los cuatro minutos anteriores sólo reveló su cuerpo en contorsiones inexplicables, mientras que detrás, muy detrás de las guitarras y baterías, golpeaba sus cucharas veloces.

Del suicidio de Chris Cornell se dirán muchas cosas. Se hablará de su música y de los peligros de las drogas de prescripción. Se especulará acerca de motivos ocultos. Saldrán a la luz indicios y sospechas. Muchos se sorprenderán al enterarse de que la noche de su ahorcamiento haya decidido interpretar en vivo una canción titulada ‘In my time of dying’. Nada de esto, por supuesto, aplacará la incertidumbre frente a un acto tan inexplicable. Por mi lado, cuando piense en Cornell vendrá a mi mente la imagen de Artis, de quien ahora sé también que fue actor en series televisivas, participó en el ya mítico programa ‘Late Night’ de David Letterman, lanzó un disco en 1995 llamado ‘Entertain the Entertainers’ y que, además de las cucharas, toca la flauta.