LOST IN CONTEMPLATION OF WORLD

LITERATURA: La Uruguaya de Mairal

Por: Marcelo Añez

No hay un libro para todos. Hay un libro para cada uno. O dicho con más precisión; hay un libro para cada momento por el que nos toca transitar en esta vida. Espiar experiencias ajenas e intensas por una ventana-libro, de algún modo nos devuelve luego a la vida propia siendo más conscientes y acaso más sabios. Si me forzaran a definir el target de este libro yo diría que es para: “latinoamericanos de clase media, frustrados laboralmente, cercanos a la crisis de los cuarenta, que acaban de formar familia y tienen uno o más hijos chicos, y que se descubren de manera más o menos frecuente y en secreto (con culpa), agobiados por la carga que representa el matrimonio y la crianza”. Estimo que el libro pega mejor en hombres, pero no descarto que a las mujeres les pueda divertir eso de husmear en las confesiones del protagonista.

La Uruguaya de Pedro Mairal aborda un lado impopular, poco vendible y políticamente incorrecto de la paternidad y del matrimonio. Acostumbrados como estamos a escuchar que la paternidad cambia la vida para bien y que el matrimonio es, más o menos, un espacio que se construye de a dos para crecer juntos como personas, en un ejercicio de responsabilidad y honestidad de largo plazo. O que ambas cosas son difíciles pero hermosas. Llama la atención que se aborde la dualidad y la contradicción que asoman siempre en cada verdad absoluta. Porque no es común que se haga literatura del Lado B de la felicidad, deslizar cuestionamientos a estos ashrams de la vida burguesa. Ni es bien visto apedrear -así sea con sutileza- los sagrados sacramentos o pintar el lado oscuro de la paternidad y del matrimonio como una carga, un peso que asfixia y acorrala a esa utopía personal llamada libertad individual. Mairal lo hace. Desde la ficción, claro. Y con eficacia. Tanta que, cuenta el autor en una entrevista, debió hacer, junto a su mujer, un asado (un churrasco diríamos acá) para aclarar a los amigos que no, que no se estaban separando. Que todo estaba bien.

Pero La Uruguaya, como todo buen libro, es eso pero no es solo eso. Tiene varias otras historias que corren paralelas. De fondo, una relación que silenciosamente se cae a pedazos. El descenso en la pirámide económico-social del protagonista: el paso de una juventud de clase media acomodada a una adultez llena de estrecheces que fuerzan a buscar cobijo en los servicios estatales (tan temidos por las clases medias altas latinoamericanas). La del chico que creció en una familia acomodada y creyó que el dinero llegaba solo y que siempre estaría, y con una actitud desganada fue indiferente al vulgar asunto terrenal de poner suficiente garra en desarrollar una carrera, un oficio, que más tarde le permitiese ganarse la vida. También está el conflicto masculino de haber fallado como proveedor. Y la inseguridad que sobreviene al hecho de ser mantenido por la esposa, su efecto colateral, real o inventado: la tortura de los celos por la convicción de que tu pareja te engaña. Y hay también, de fondo, pintada con gracia e ingenio, la relación entre Argentina y Uruguay: el caos y el orden. El viaje corto y surrealista que por el cepo cambiario kirchnerista se ve obligado a realizar el protagonista. Salto al otro lado del charco para traer los dólares salvadores. Cruce del Río de la Plata, nunca tan bien puesto el nombre. Dólares que de ser convertidos a pesos en Argentina hubiesen perdido más del 50% de su valor por la insania de tener dos tipos de cambio (gran negocio para unos cuantos vivos) e impuestos de primer mundo. No deja de ser curioso el hecho de que pocas veces la literatura aborde el tema del dinero.

Y está, por supuesto, la columna vertebral del relato; la historia de querer aprovechar el viaje arreglando el reencuentro clandestino en Montevideo con una chica joven a quien el protagonista había conocido un tiempo atrás en un festival de escritores en la playa de Valizas, Uruguay: Magalí Guerra. Recoger dólares y tirarse una canita al aire: dos pájaros de un tiro. Pero nada sale según lo planeado.

De todo eso nace la larga carta confesional que es este libro. Escrito en primera persona, como para explicar –explicarse- el tsunami de cosas sucedidas en tan pocas horas (que venían incubándose desde hacía mucho) y que terminarían por dar un vuelco a la vida que había llevado hasta ese momento el protagonista.

Hace muchos años, allá por 1998, recuerdo haber comprado en un kiosko de Buenos Aires “Una Noche con Sabrina Love”, premio Clarin de novela de ese año, también de Mairal. Ese mismo día me pasé la noche despierto leyéndola. Me deslumbró su sencillez, la magia de esa novela. Algo así me pasó otra vez, veinte años más tarde, con La Uruguaya. Si algún rato quieren dejar sus smartphones y ejercitar lo que les queda de capacidad para prestar atención, léanlo. Se los recomiendo. Está bellamente escrito, con inteligencia y humor, con profundidad. Y se lee de un tirón. Hasta ahora no vi el libro en librerías locales. Si conocen a alguien que viva o vaya a Argentina pueden encargarlo de allá. O también pueden conseguir la versión digital en iBooks. Vale la pena.

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