LOST IN CONTEMPLATION OF WORLD

DOCUMENTAL: The Gatekeepers

LA BANALIDAD DEL MAL

Mientras los muertos siguen sumando en Gaza, los bombardeos se convierten en espectáculo y los motivos se debaten ferozmente entre bandos a favor de Palestina o Israel, se me vino a la mente este gran documental llamado The Gatekeepers.

Porque para hablar del conflicto palestino-israelí no bastan las fotos, los vídeos que llegan de las cadenas televisivas o esa idea triste y desoladora al ver tanta miseria humana que si Dios existe definitivamente no está en Gaza, no.

Quizás lo más sensato sería escuchar a quienes son parte del master-puppet, a quienes son los hilos que manejan un lado del conflicto: Los líderes del servicio de inteligencia israelí que se encargan de controlar Cisjordania o Gaza y hacerle frente al terrorismo. En este caso 6 jefes del Shabak (Shin Bet) ya retirados son entrevistados por primera vez para este documental del director (también israelí) Dror Moreh.

Voy a relatar muy detalladamente todo lo que el documental narra, aunque al final de la reseña pondré el link para ver el video online. Quien quiera, puede pasarse directo al video.

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En los primeros minutos del documental, Yuval Diskin (director del Shin Bet del 2005 al 2011) lanza frases que revelan un poco la posición que asume Israel ante el tema palestino:

“Como líder del Shin Bet aprendes que los políticos prefieren opciones binarias. No les gusta tener tres o cuatro opciones. Solo quieren que les digas 0 o 1. Hazlo o no lo hagas. Como el jefe, me encuentro en situaciones que no son blancas o negras, sino que tienen tonos de grises”

Y acto seguido habla sobre la capacidad de tomar decisiones que conllevan daños colaterales (muerte de inocentes) que a los ojos de sus jefes inmediatos son menores si se resuelve el objetivo principal (eliminar a un terrorista).

Tomar una decisión generalmente es actuar y Diskin sabe que es su trabajo, pero una vocecita interior le dice:

“Hay algo antinatural en todo esto. Lo antinatural es tener el poder para elegir a tres personas terroristas y quitarles la vida en un instante”

Eso es The Gatekeepers, las reflexiones de la élite de inteligencia israelí sobre hechos que marcan la historia de un conflicto cuya resolución se ve cada vez más lejana.

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Posterior a esa brillante introducción se hace un repaso a lo sucedido después de la Guerra de los seis días, y a cómo 1.000.000 de palestinos quedaron bajo el control militar de Israel.

Avraham Shalon dirá que después de ese “triunfo” se quedaron sin enemigo, la lucha antiterrorista estaba en pañales, los terroristas surgen de entre el territorio conquistado. No hay que olvidar que Hamas empieza a operar como tal en 1987 mientras se desarrollaba la primera Intifada que el Shin Bet no vio venir a pesar de tener desplegado un complejo sistema de información y espionaje.

Intifada en árabe significa levantamiento, y es el levantamiento que los palestinos espontáneamente llevaron a cabo contra Israel.

Volviendo a Hamas, aunque se hace visible como movimiento en 1987, se encontraba operando de manera amateur desde muchos años antes, de hecho el Shin Bet no los veía como amenaza ya que su mayor preocupación era Al-Fatah.

Cuando los terroristas comienzan a cobrar protagonismo Shalom declara:

“Diciéndolo cínicamente, por suerte para nosotros el terrorismo aumentó. Teníamos más trabajo”

Avraham Shalom es el líder del Shin Bet en los años 80s y además fue uno de los más temidos.

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Shalom pasó a los anaqueles de la historia por un indignante incidente: En 1984 un autobús fue secuestrado por palestinos en Tel Avi. El autobús tenía 41 pasajeros. Luego de la crisis de rehenes, existen fotos de dos de los secuestradores vivos siendo escoltados por la seguridad israelí. Ambos hombres morirían apaleados en un poco esclarecido suceso que Shalom dijo desconocer, según el líder del Shin Bet fueron soldados del Ejército quienes molieron a palos a los prisioneros y cuando él se vio con esos dos terroristas con los huesos rotos, dio la orden de que “terminen el trabajo”, así evitaba juicios y las repercusiones que traería apalear a los detenidos.

Shalom era conocido por ser un matón y por contar con carta blanca para tomar decisiones de ese tipo. El líder presentó su renuncia por el hecho conocido como el affair del Bus 300 y en el documental expresa su descontento con las altas esferas políticas israelíes que le dieron la espalda cuando las papas quemaron.

“Ya no me tomo en serio a los políticos, abandonan a los soldados heridos”

Al ser consultado sobre el conflicto moral que supone asesinar a dos prisioneros, Shalom no tiene sombra de duda:

“Al luchar contra el terrorismo, olvídese de la moral”

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Y sí, la moral es algo que se pierde en la guerra y en conflictos territoriales, étnicos o religiosos.

Después del incidente del Bus 300, el Shin bet tomó medidas para que supuestamente no se les vaya la mano y no se salgan del marco de la legalidad, pero en realidad el objetivo era sencillamente acallar el descontento de la opinión pública y la mala imagen proyectada.

Otro de los aspectos que se tocan es cómo el servicio de inteligencia tenía que controlar las comunidades de las zonas de conflicto. Para eso contactaban informantes, torturaban prisioneros y conseguían que palestinos cooperen con ellos de distintas formas. El trasfondo de lo que supone que un palestino traicione a su pueblo, a sus amigos y hasta a su familia es reflexionado más no ahondado.

En 1993 se iniciarían los acuerdos de Oslo, e Isaak Rabin se alzaría como uno de los interesados en consolidar la paz entre palestinos e israelitas. Yaakov Peri, líder del Shin bet de 1988 a  1994, relata que en ese momento se dieron cuenta de la honda fractura que años de conflicto dejó en Israel.

De pronto, agentes del Shin Bet tenían que sentarse a conversar con personas a las que habían encarcelado desde los 16 años, o con personajes a los que no hace mucho estaban dando caza. Lo mismo sucedía desde el lado palestino. A los ojos del palestino, los asesinos, los monstruos eran esos israelíes a los que ahora estrechaban las manos en reuniones pro cese al fuego.

La extrema derecha del país vio a Rabin como un traidor, el control de territorios palestinos fue cedido a las poblaciones civiles y las intervenciones de los agentes secretos se redujeron al mínimo, los atentados de Hamas y operaciones bandera falsa surgidas de los extremistas judíos montaron el escenario perfecto para el asesinato de Rabin.

El documental narra esos momentos en que el curso de la historia cambió.

Carmi Gilllon líder del Shin Bet desde 1994 hasta 1996 da detalles de cómo líderes de prestigiosas comunidades israelitas se opusieron al proceso de paz y a los Acuerdos de Oslo promovidos por Rabin. Lo peor era que esta gente tenía acceso al parlamento y a muchas esferas de poder para seguir actuando impunemente.

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El Shin bet desactivó un atentado que planeaba la muerte de 250 palestinos con bombas en buses específicos, los líderes del atentado fueron capturados y al ser importantes miembros de comunidades judías recibieron un juicio que luego quedó en nada, todos salieron libres y declarando a quien quisiera preguntarles que ellos continuarían su lucha contra los musulmanes. Los colonos tenían una sensación de poderío producto de años de asentamientos ilegales a los que se les hizo vista gorda.

Una de las obsesiones de los extremistas era destruir La Cúpula de la Roca, un lugar sagrado para el Islam y que está junto al Templo de Jerusalén. La destrucción de dicho santuario hubiera tenido repercusiones incalculables en la escalda de odio-terror entre ambos bandos. Gillon dice que consiguieron neutralizar el hecho, que las listas de los servicios de inteligencia con los nombres de los posibles terroristas crecían día a día, pero aún así no pudieron prever que el joven Yigal Amir dispararía sobre Isaak Rabin y lo asesinaría.

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La extrema derecha consiguió lo que quería y sus letreros que colgaban en las manifestaciones : “La paz nos está matando”, ya no fueron necesarios. Con Rabin muerto los ex-líderes del Shin Bet reconocen que no había otro interesado en mantener el diálogo ni el proceso de paz. Yaakov Peri lo definió muy bien:

“No había fe, ni en los palestinos, ni en Israel”.

En el funeral de Rabin, el letrero que ahora se veía colgar en un simpatizante rezaba: “Estoy avergonzado”, una muestra más de la polarización que vive el pueblo de Israel al margen de sus conflictos con Palestina o cualquiera de sus vecinos.

Ami Ayalon entraría como líder del Shin Bet luego de que Gillon renunciara al fallar en la seguridad del Primer Ministro Rabin. Ayalon cuenta que su trabajo fue rehabilitar a la organización y conseguir la cooperación de los palestinos en la lucha contra los atentados de ambos lados. Coordinación de inteligencia, cuenta.

Al calor de la segunda Intifada, Ami se reuniría en Londres con Iyad Saraj, un reconocido psiquiatra palestino. La charla hizo que Ami después de 50 años entendiera lo que significaba el desangramiento de ambos bandos y, sobre todo, el fenómeno de los atentados suicidas. El palestino le dijo: “Nuestra victoria es verlos sufrir”

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Cuando las cosas estaban en una tensa calma, el Shin Bet toma la decisión de asesinar a Yahya Ayyash, el principal fabricante de bombas de Hamas conocido por su pericia como “el ingeniero”. Fue el hombre más buscado por Israel durante años, hasta que finalmente dieron con él, y además consiguieron convencer a una persona cercana a traicionarlo y darle un teléfono celular con explosivos que más tarde causaron su muerte.

100.000 palestinos asistieron a su funeral, y la escalada de violencia se intensificó. Los ex-líderes del Shin Bet ven esa muerte como una victoria y como algo necesario. “Una operación limpia y eficaz”. No importa la escala de violencia posterior, si no mataban a Ayyash este continuaría fabricando bombas que matarían a israelíes en el futuro. Esa es la línea de pensamiento. Es casi una muerte a control remoto por defensa propia, insinúan.

Finalmente, hablan sobre la bomba de una tonelada que dejaron caer en una casa del centro de Gaza y que mató a muchos inocentes. Los inocentes, nuevamente, son para ellos daños colaterales. No importa lo que diga el mundo, ellos intentaron que la operación sea “limpia y eficaz”, solo que les pasaron mal la información y tuvieran unas bajas no previstas. Gajes del oficio, asumen.

Shalom, que al principio del documental nos parece todo un Maquiavelo, acota que no, que en USA eso se llama overkill, matar de más sin necesidad, que lanzar una bomba de una tonelada en un barrio donde morirán niños por eliminar al terrorista más buscado por Israel es inmoral, militarmente ineficaz y claro que inhumano.

Es Ami Ayalon quien nos habla de “la banalidad del mal”, cuando 200 o 300 personas mueren por algo que se llama asesinato selectivo (quiero matar a un crispín pero ese crispín se refugia en una casa al lado de un hospital o de una escuela), ese proceso se convierte en una serie de pasos en cadena donde cada vez te preguntás menos dónde parar. Los límites se borran. No es malo porque desde tu perspectiva es necesario. No es malo porque desde tu perspectiva te defiendes. No es malo porque desde tu perspectiva estás preservando a lo que considerás tu gente, tus creencias, tu life style.

Avi Dichter, ex-líder del Shin Bet (2000-2005) ilustra bien este  concepto de la banalidad del mal cuando relata que el día más duro de su vida como jefe del servicio secreto fue el 6 de septiembre del 2003, ese día el Estado de Israel tuvo la oportunidad de deshacerse de un gran número de terroristas. Ese día pudieron matar a la creme de la creme de los supuestos terroristas palestinos. La cúpula del Hamas se reunió en un edificio como nunca lo ha hecho. Entre 10 a 12 de los hombres más perseguidos por Israel juntos, juntitos y el Shin Bet sabía cuándo, cómo y dónde.  En esa ocasión el Ejército se opuso por los daños colaterales, “solo” permitieron una pequeña bomba que consiguió dañar al edificio pero no dar muerte a ninguno de los objetivos. La decepción de Dichter es palpable, y califica la acción como una mala decisión y un error, esa bomba debió caer con toda su fuerza y asumir los daños colaterales (cientos de muertes de civiles inocentes).

Encima Dichter tiene la posición ingenua de que el terrorismo es algo que se puede eliminar descabezando a los líderes de las agrupaciones, como si detrás de cada fabricante de bombas no haya otro listo a suplantarlo, o detrás de un estratega de atentados o de un suicida no existan dos o tres más en la línea para tomar sus lugares, como si lo que sucede en el medio oriente no llevara décadas, generaciones de familias que siguen pasando con ese odio y resentimiento que la muerte no aplaca.

Captura de pantalla 2014-07-15 a la(s) 18.24.52Ayalon parece el más sensato al afirmar que la eliminación del Jeque Yassin no volvió más moderada a Hamas y que el acabar con distintos líderes palestinos no ha mejorado la seguridad en Israel tampoco. Matar al que aprieta el gatillo es ineficaz, afirma, y si quieren eliminar a quien implanta la ideología se toparán con el juicio internacional y las leyes del hombre. Ayalon retrocede a su infancia y a cómo pensaba que en Jerusalen había un hombre en un edificio, al fondo de un pasillo, detrás de una puerta que pensaba en su bienestar y que una vez creció y conoció el edificio, recorrió el pasillo no encontró ninguna puerta, ni al hombre que veneraba en su infancia, se dio cuenta que ese hombre no existía y no había nadie que piense en él.

The Gatekeepers dura apenas 96 minutos, pero en su comprimida duración relata eventos determinantes en el conflicto palestino-israelí en los últimos 50 años. Por si fuera poco, el director consigue condensar los relatos y armar los testimonios de manera efectiva con una estética notable a la hora de dramatizar eventos pasados.

Luego de toda la debacle y la vuelta a cero que supuso el asesinato de Rabin, Hamas siguió creciendo, los judíos extremistas también, y los mismos líderes de la agencia de inteligencia que comanda y dirige todas las operaciones de campo aceptan que hay una correlación de hechos entre uno y otro bando. Es un toma y dame, un ojo por ojo que no termina nunca.

Dichter al que no le temblaría el pulso para mandar una bomba de una tonelada a una zona civil con tal de liquidar a 12 personas, afirma que no se puede lograr la paz por medios militares, sino que todo se basará en confianza. Gillon también comparte que Israel no puede darse le lujo de no hablar con sus enemigos. Shalom afirma que no hay alternativa al diálogo. Solo se puede y se debe dialogar. Dice:

“Yo no te quiero ver comiendo cristal, ni tú quieres verme bebiendo gasolina”

Ya casi para cerrar el documental, el director le cita a Diskin al brillante filósofo Yeshayahou Leibowitz, un crítico de la ocupación, que luego de la Guerra de los Seis Días, escribió:

“”un estado que gobierna una población hostil de millones de extranjeros (la población palestina de la época) se convertirá inevitablemente un estado policial con todo lo que eso implica para la educación, la libertad de expresión y las instituciones democráticas. La administración tendrá que someter a la insurgencia árabe por un lado y pagar a colaboradores árabes por otro. Hay muchas razones para temer que el ejército israelí se transformará en un ejército de ocupación, degenerará y sus comandantes se convertirán en gobernadores militares como ocurre en otros países”

Yuval Diskin se muestra completamente de acuerdo con cada palabra.

Algo que rompe el corazón de alguna manera es cuando Gillon dice:

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Y habla sobre el papel que juegan los casi adolescentes soldados del ejército israelí, que llevan unos pocos meses de entrenamiento y que en sus manos tienen el poder de decidir si abusan o no de un palestino, si lo dejan tranquilo o no, si lo registran o no.

El mismo Shalom, ese que dio la orden de asesinar a dos prisioneros, cuestiona que el servicio militar cambia la mentalidad de todo un pueblo, y que por una parte este ejército que sirve a Israel, también es una fuerza de ocupación muy similar a la Alemana en la Segunda Guerra Mundial.

“Nos hemos vuelto…me duele mucho decirlo…nos hemos vuelto crueles”

 

Mónica Heinrich V. 

Para ver y descargar: http://www.teledocumentales.com/the-gatekeepers/

 Lo mejor: Informativo

Lo peor: algunas preguntas no se hicieron o se dejaron pasar, como la posibilidad de una conspiración del Shin Bet para asesinar a Rabin y otros eventos turbios en la organización que comandaron esos hombres.

La escena: Cuando Shalom dice que se han vuelto crueles y cuando Ami dice que han perdido la guerra

Lo más falsete:

El mensaje manifiesto: No hay victoria alguna

El mensaje latente: Ni siquiera hay victoria en el sufrimiento

El consejo: un documental necesario

El personaje entrañable: la paz, tan esquiva y abusada

El personaje emputante: lo cruel

El agradecimiento: que un director israelí consiga estos testimonios y los haga públicos

 

Si ya la viste,puntúa la película!

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